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Domingo primero de Cuaresma. Ciclo B
Barcelona, ​​22 de febrero de 2015

Lo primero que se nos dice de Jesús una vez fue bautizado por Juan es que el Espíritu le empujaba.
Jesús fue un hombre llevado por el Espíritu, no por otros intereses o apetencias.

¿Hacia donde le condujo el Espíritu?
Hacia el desierto.
¿Qué era el desierto?
En aquellos tiempos el desierto era la ruptura total con el sistema de vida y de sociedad que entonces se vivía.

Jesús ha sido decisivo en la historia de la humanidad.
Lo ha sido, sobre todo, por su forma
– de entender la vida
– las relaciones humanas
– el poder
– el valor del dinero
– la importancia de los pobres, de los últimos, de los que sufren.

Y también ha sido decisivo porque dio un giro copernicano
– a la religión
– y a nuestra idea acerca de Dios.

Y enseguida se puso a decir que ya estaba cerca el Reino de Dios.
Esta es la Buena Noticia.
Buena porque anuncia una vida diferente, una sociedad diferente, una felicidad para todos, una esperanza para los pobres, los enfermos, los que sufren, por los que ya han perdido toda esperanza.
Dios siempre se deja encontrar por los que lo buscan con corazón sincero. Esto es la Cuaresma: el retorno hacia Dios y hacia la estimación de los hermanos: estimación verdadera, práctica, operativa.

¿Como la recibimos nosotros, esta Buena Noticia?
– con la indiferencia del tanto me da –y esto sería muy grave–,
– o bien con la gratitud del creyente que se sabe bien orientado y esto es motivo de esperanza estimulante y creativa?

¿Como la recibimos, la Buena Noticia del retorno hacia Dios y de la estimación hacia los hermanos?
Seamos de verdad prácticos y concretamos.