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Domingo de Ramos. Ciclo C.
Barcelona, ​​20 de marzo de 2016.

Un negro espiritual canta: "Hi eres tu quan el duien a la creu?"
En aquellos momentos nadie lo entiende.
No lo podían entender Herodes ni Pilato. Ellos estaban tan agarrados al poder material que la pretensión de Jesús les parecía ridícula.
Tampoco lo entendían los principales sacerdotes y los maestros de la Ley que, cuando Jesús proclamaba el amor de Dios, veían que peligraba la tiranía que ellos ejercían sobre las conciencias de la gente.
Tampoco lo entendía aquella multitud que había pasado en poco tiempo de aclamarlo como rey a rechazarlo gritando: ¡Crucifícalo!
Tampoco lo entendían los que se burlaban de él.
Tampoco lo entendía aquel malhechor, crucificado con él: "¿No eres el Cristo, tú? Sálvate a ti mismo y a nosotros".

Pero en medio de este desorden, las palabras de Jesús lo clarifican todo:
–a las mujeres que lloran, él las consuela
–a los que lo torturaban, él los perdona
–al malhechor arrepentido le dice: "Hoy estarás conmigo en el Paraíso."

Y en medio de tanta incomprensión, muere con la confianza plena en el Padre: "en tus manos encomiendo mi espíritu."
Esta es la confianza que deberíamos vivir nosotros.
¿La vivimos?