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Vigilia Pascual. Ciclo C.
Barcelona, ​​26 de marzo de 2016.

¿Cuál es el gran anuncio de la víspera de Pascua?
Que Jesús vive.
He aquí el anuncio lleno de júbilo de la Noche de Pascua. "¿Por qué buscáis entre los muertos al que está vivo?"
Jesús ha vencido a la muerte.

En consecuencia, Jesús no es un simple recuerdo histórico.
De ahí, nuestra relación con Jesús no se vive únicamente en la memoria del relato (el propio de la historia) sino en la experiencia de la fe (el específico de la religión).
La sola memoria histórica se centra y se concreta en el conocimiento.
La fe, en cambio, existe donde hay convicción.
Nadie dice yo creo en Napoleón. Porque el historiador se limita a afirmar: yo se que Napoleón dijo o hizo tal cosa.

El creyente afirma: yo creo en Jesús y esto consiste en que la vida de la persona creyente está determinada, orientada y concretada por las mismas convicciones que
–determinaron
–orientaron
–y concretaron la vida, la existencia concreta de Jesús.

Una convicción, si es auténtica, se define por el hecho de que orienta nuestro comportamiento. Es decir: una convicción es una regla de conducta.
El que está plenamente convencido de que debe dejar el tabaco, lo deja. Si no lo deja, significa que no está suficientemente convencido.

Creer que Jesús vivo es crear hábitos de conducta que se parezcan a los hábitos de conducta que tuvo Jesús.
Aquí radica el punto de partida de la fe en la Resurrección.

¿Cuáles son nuestros hábitos de conducta?
¿Se parecen a los de Jesús?
Y, si no se parecen...
¿Cuál es nuestra fe?
¿Qué clase de cristianos somos o, más bien, no somos nosotros?