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5º domingo de Pascua. Ciclo B
Barcelona, ​​3 de mayo de 2015

¿Qué es la fe?
La fe no es una impresión o emoción del corazón. Sin duda, el creyente siente su fe, la experimenta y la disfruta. Sin embargo, sería un error reducirla a sentimentalismo.
La fe no es algo que dependa de los sentimientos. Ser creyente es una actitud: actitud responsable y razonada.
La fe tampoco es una opinión personal. El creyente se compromete personalmente a creer en Dios.
Pero la fe no puede ser reducida a subjetivismo.

La realidad de Dios no depende de mí ni el cristianismo es fabricación de cada uno.
La fe tampoco es una costumbre o tradición recibida de los padres.
La fe es una decisión personal que toma cada uno libremente.
La fe tampoco es una receta moral. Creer tiene sus exigencias.
Pero sería una equivocación reducirlo todo a moralismo.

La fe es además
–amor explícito a Dios
–compromiso por un mundo más humano
–esperanza de vida eterna
–acción de gracias a Dios
–celebración festiva
–fraternidad comprometida

La fe tampoco es un tranquilizante. Creer en Dios es, sin duda, fuente de paz y de serenidad, pero la fe no es sólo un asidero para los momentos críticos.

Creer es el mejor estímulo para:
–luchar
–trabajar
–y vivir de una manera digna y responsable.

La fe comienza a desfigurarse cuando se olvida que, ante todo, es un encuentro personal con Jesucristo.
San Juan nos lo dice bien claro: "Así hemos llegado a saber y creer que Dios nos ama. Dios es amor, y el que vive en el amor vive en Dios y Dios en él."1 Jn 4,16

Esta fe da frutos cuando vivimos, día a día, unidos a Cristo, motivados y sostenidos
–por su Espíritu
–y por su Palabra.

"El que permanece unido a mí y yo unido a él, da mucho fruto; pues sin mí nada podéis hacer."
¿Es esta nuestra convicción más profunda, más práctica y más operativa?