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Domingo XXVI del tiempo ordinario. Ciclo B.
Barcelona, ​​27 de septiembre de 2015.

¿Qué es lo primero y más importante para Jesús?
Dentro del grupo de sus seguidores, lo primero y más importante es: olvidarse de los propios intereses y ambiciones y ponerse a servir colaborando en su proyecto de hacer un mundo más humano.
Evidentemente, esto no resulta nada fácil.
Porque, a veces, en vez de ayudar hacemos daño.

Es lo que preocupa a Jesús: que entre los suyos haya quien escandalice a uno de estos pequeños que creen o que lo intentan. Que entre los cristianos haya personas que con su manera de actuar hagan daño a creyentes más débiles y tambaleantes.
Jesús utiliza imágenes extremadamente duras para conseguir que cada uno extirpe, arranque de su vida lo que se opone al estilo de Jesús de entender y vivir la existencia.
Porque lo que aquí está en juego es entrar en el reino de Dios o bien quedar excluido.
El lenguaje utilizado aquí para Jesús es metafórico.

En concreto: la mano es símbolo de la actividad y del trabajo.
Jesús utilizaba sus manos para
–bendecir
–curar
–tocar a los excluidos según la Ley.

Es malo, utilizar las manos para
–herir
–golpear
–someter o humillar.

Por eso dice Jesús: Si tu mano te hace caer, córtatela y renuncia a actuar en contra del estilo de Jesús.

También los pies pueden hacer daño y perjudicar si nos llevan por caminos contrarios a la entrega y el servicio.
Jesús caminaba para estar muy cerca de los más necesitados y para buscar a los que estaban perdidos.
Si tu pie te hace caer, córtatelo y abandona los caminos errados que no ayudan a nadie a seguir a Jesús.

Los ojos representan los deseos y aspiraciones de la persona. Pero, si no miran a las personas con el amor y la ternura con que las miraba Jesús acabaremos pensando sólo en nuestro propio interés egoísta.
Si tu ojo te hace caer sácatelo y aprende a mirar la vida de manera más evangélica.

¿Cómo se le ocurrió a Jesús esta figura trágica y, al mismo tiempo cómica, de un hombre sin brazo, cojo y con un solo ojo entrando en la plenitud de la vida?
¿Qué experimentó la gente al oírlo hablar así?
¿Cómo podemos reaccionar hoy nosotros?

Por muy dolorosas que sean, si los cristianos no hacemos opciones que aseguren la fidelidad máxima a Jesús, su proyecto salvador no se abrirá camino en el mundo.
Y nosotros seremos
–los responsables
–y los culpables.