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Domingo IV de Adviento. Ciclo C.
Barcelona, ​​20 de diciembre de 2015

La alegría no es tarea fácil. Nunca lo ha sido. Tampoco hoy.
Los sociólogos de la salud que analizan la epidemia moderna del pesimismo y la depresión piensan que estamos pasando de la era de la ansiedad a la de la melancolía.
No encontramos descanso en nada. Nos falta nutrir la alegría de vivir y no sabemos con qué.

No debemos confundir la alegría con el sentido del humor.
Saber reírse de uno mismo y de las fatalidades de la vida y hacerlo con ternura y piedad hace bien a la persona.
El buen humor se niega a que el sufrimiento y la frustración se impongan. Por ello, el humor ayuda a mantener la alegría y, sobre todo, ayuda a vivir.
Pero la alegría es otra cosa.

Tampoco debemos identificarla con el optimismo que es la inclinación a esperar siempre lo mejor.
Optimista no es verlo todo de color de rosa. No es sustituir la esperanza alimentando ilusiones baratas y falsas.
El optimista elige la vida de manera positiva y eso es bueno porque nos da fuerzas ante la prueba.

La alegría nace de las profundidades de la persona y la impregna entera.
La alegría
-otorga una luz nueva a la existencia
-hace vivir con una confianza básica
-lleva a la persona a darse, a abrirse a estrechar los vínculos de amistad y de confianza compartida.

Quien vive con alegría no es indiferente a los sufrimientos de los demás. El dolor del vecino no le incomoda, sino que lo conmueve y lo empuja a ayudarle.
La auténtica alegría no se fabrica desde fuera introduciendo en nuestra vida
-diversiones
-entretenimientos
-frivolidades. Nada de eso.
Brota de dentro.

De hecho, la alegría emerge cuando aprendemos a vivir en la verdad y en el amor.
La alegría es lo mejor de una existencia vivida de manera sana desde la raíz.

Los creyentes dicen con frecuencia que Dios es fuente de alegría. Y es así, porque Dios nos invita a vivir, no a escondernos y a deprimirnos.
Ahí está la alegría de vivir.

En el pórtico de Navidad nos invita a escuchar las mismas palabras que María: "Alégrate, el Señor está contigo."
La alegría resulta más fácil cuando uno sabe que no está solo, perdido en la vida, lanzado en la cuneta del vivir.
Navidad es el anuncio de esta gran noticia: ninguna persona humana nunca está sola.

¿Por qué?
Porque a todos nos acompaña Dios.

Nosotros, ¿realmente nos dejamos acompañar?
¿Sabemos agradecer la vecindad divina?
¿Sabemos y queremos ofrecer la nuestra de manera leal y desinteresada?