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Año Nuevo. Solemnidad de la Virgen. Ciclo B
Barcelona, ​​1 de enero de 2015

Si María es la madre de Dios –lo primero que nos dice la Iglesia al comenzar el año nuevo– es que Dios tiene madre.
Y la tiene porque Dios se nos da a conocer y se nos hace presente en Jesús.
¿Qué quiere decir esto?
Que en Jesús, Dios se ha humanizado, se ha despojado de su importancia, de su poder y de su gloria. Dios se ha hecho como uno de tantos.

Lo primero que aprendemos este año es que Dios no quiere importancias. Dios no quiere categorías. Dios no quiere pedestales de gloria que separan, distinguen, dividen, alejan e, incluso, enfrentan y matan.
Dios es el primero que da ejemplo de este abajamiento, de esta simplicidad, de esta hermandad entrañable.
Y nos dice que el camino para ser como Él quiere no es hacernos dioses, sino humanizarnos. Ser más humanos. Ser más tratables. Ser más compasivos.

Dios en Jesús tuvo una madre. Una humilde y sencilla mujer de Nazaret.
Ella educó a Jesús en la sensibilidad, bondad, fortaleza y también en la libertad.
Gran mujer. Gran Madre.

Aprendamos de su sencillez.
Aprendamos de su humanidad.
Aprendamos de su fortaleza.
Aprendamos de su libertad.

¿Como concretar todo esto?
Sugiero varias líneas de acción:

1º. Aprendamos de su sencillez sin ninguna vana pretensión ni ridícula vanidad y sin hacerse el importante o, aún peor, el imprescindible. Los cementerios están llenos de gente que, en su día, se tenían tontamente por imprescindibles. Y ya veis que queda: polvo anónimo y olvidado.

2º. Aprendamos de su humanidad solidarizándonos y compartiendo los sufrimientos de los demás, haciéndolo bien generosos de corazón y festivos de sano optimismo. La sonrisa es gratuita: no cuesta nada.

3º. Aprendamos de su fortaleza dispuestos a hacer frente a los estorbos y adversidades sin quejarnos ni protestar como si fuéramos criaturas malcriadas, estúpidas y egoístas.

4º. Aprendamos de su libertad ejercitando de cara a las causas nobles, generosas y solidarias con verdadero espíritu de ayuda, de colaboración y de sacrificio personal siempre que convenga y actuando gratuitamente, es decir: sin esperar a que nos lo agradezcan, porque los hombres son ingratos. Pero Dios, no.

Que todos contribuyamos a tener un buen año:
– ayudando en vez de estorbar
– compartiendo en vez de acaparar egoístamente
– orando cada día por los vivos y por los muertos en vez de pasar página y olvidar como auténticos irresponsables y desagradecidos.