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Domingo 2º de Navidad. Ciclo B
Barcelona, ​​4 de enero de 2015

Actualmente son muchas las personas que no saben con certeza si creen o no creen.
Llegó un momento en que el mundo religioso ya no les decía nada
– la misa sólo les hacía bostezar
– los sermones no los soportaban
– la religión les parecía inútil y artificial, etc.
Y un día lo barrieron todo.

En muchos de ellos hay algo que no ha muerto del todo.
Incluso experimentan la necesidad de creer de una manera nueva.
Y surgen preguntas:
– esto que siento, ¿es fe?
– ¿Puedo yo volver a creer?
– Pero, ¿cómo?

¿Hay que hacer algo para volver a creer? A nadie se le puede forzar desde fuera para que crea. Ni él mismo tiene que hacerlo. Pero tampoco hay que permanecer pasivo. Lo que hay que hacer es... buscar.
¿Qué debe hacer uno para buscar?
Poner la máxima atención a todo aquello que nace de su interior
– sin atormentarse
– sin obsesionarse.

Hay algún método para aprender a creer? No. No lo hay. Cada uno debe recorrer su propio camino. Lo decisivo es la fidelidad a uno mismo, orientando nuestra vida hacia Dios.
¿Se puede creer cuando uno está lleno de dudas y ve la religión como algo complicado?
– dudar es normal
– lo importante es la verdad de nuestra relación con Dios.

Para volver a creer, ¿hay que sentir algo especial?
No necesariamente.
Algunos pueden sentir paz y alegría pero, lo fundamental es dar pasos prácticos:
– sontacto con algún creyente
– tiempo de reflexión
– lectura de algún texto adecuado, etc.

Para creer, ¿hay que orar?
Evidentemente.
Pero no de una manera mecánica, sino abriéndose al contenido real de la oración:
– abrir el corazón a Dios
– confiar
– sentirse comprendido y acogido
– hacer caso de la llamada a emprender una vida nueva más generosa.

En este tiempo de Navidad debemos recordar las palabras de San Juan cuando nos dice que "Cristo es la luz verdadera que ilumina a todo hombre. Vino a su casa pero los suyos no lo recibieron. A los que lo han recibido les ha dado poder para ser hijos de Dios."

Éstos, por gracia suya, somos nosotros.
Debemos responder con la máxima gratitud, fidelidad y constancia.
De cara a Dios, todo es poco y siempre nos quedaremos cortos.