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Una interpretación política de la sinodalidad puede contaminar la vivencia evangélica de esta práctica eclesial, que ha sido irregular al largo de la historia y que hoy ocupa un primer plano a través de la convocatoria del próximo Sínodo de Obispos. La Iglesia presenta unas características diferenciales que hay que tener en cuenta.

En primer lugar, la propuesta de Jesús. Los hijos de Zebedeo con su madre acuden a Jesús para pedirle sentarse a su derecha y a su izquierda. Los otros diez apóstoles se indignan. Ambición y lucha de poder. Jesús, frente a esta demanda, define la dinámica de su comunidad: «Sabéis que los jefes de las naciones las dominan como señores absolutos, y los grandes las oprimen con su poder. No ha de ser así entre vosotros, sino que el que quiera llegar a ser grande entre vosotros, será vuestro servidor, y el que quiera ser el primero entre vosotros, será vuestro esclavo» (Mt 20,25-27). El servicio frente al poder y al dominio de los demás. El papa Francisco no elimina la pirámide de la jerarquía. La invierte: «En esta Iglesia, como en una pirámide invertida, la cima se encuentra por debajo de la base». La base es el Pueblo de Dios, del cual la jerarquía también forma parte. La crítica constante del Papa al clericalismo, al carrerismo, etc va en esta línea evangélica. Punto tan esencial como frágil. La tentación del poder es permanente.

En segundo lugar, se subraya a menudo que la Iglesia no es una democracia. Muchos pueden pensar que si la Iglesia no es una democracia, será lo contrario, una dictadura. Ni una cosa ni la otra. Existen puntos en común con la democracia, como la participación y la existencia de un gobierno. La diferencia sustancial es la siguiente. En la asamblea de Jerusalén, tras una discusión no pequeña y un proceso de discernimiento, se llega al punto clave: «Hemos decidido el Espíritu Santo y nosotros.» (He 15,28). No es tema de mayorías, sino de consenso y sensus fidei. El Espíritu Santo es el factor diferencial y la escucha es imprescindible. Es fácil dejarse contaminar por los sistemas políticos vigentes en cada época, alejándose del Evangelio. Hay que estar vigilantes.

Lluís Serra i Llansana – CC – 21 de noviembre de 2021 – núm. 2200 – pág. 23.