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No todo lo que circula por internet busca informar: cada vez más contenidos están diseñados para provocar ira, polarizar y manipular. Salir a la calle es encontrarse con los vecinos o con algún turista ocasional; entrar en el ámbito digital es sentirse ciudadano del mundo, donde son posibles las relaciones más impensables, aunque provengan de rincones geográficos desconocidos. El Diccionario de Oxford ha extraído de este entorno la palabra seleccionada en los tres últimos años: rizz (2023), entendida como estilo, carisma y popularidad en redes y cultura juvenil; brain rot (2024), que se traduce como podredumbre cerebral, descriptor del agotamiento mental provocado por el consumo excesivo de contenido irrelevante; y rage bait (2025), anzuelo o cebo de ira, encaminado a provocar reacciones viscerales, furia y descalificación. Su estrategia consiste en explotar el enfado como motor de visibilidad en internet.

El Oxford Corpus recopila alrededor de 150 millones de palabras de inglés actual cada mes, procedentes de publicaciones web. La sistematización de estos datos permite detectar tendencias léxicas y neologismos emergentes, analizar el aumento de uso de determinadas palabras a lo largo del tiempo y construir el soporte técnico necesario para fundamentar la elección de la Palabra del Año. Los lexicógrafos proponen una lista de unas 30 o 40 palabras que reflejan el estado de ánimo cultural del año y que poseen potencial para garantizar un significado duradero. En los últimos tiempos, además, se ha incorporado una votación pública.

La palabra elegida por el Diccionario de Oxford en 2018 fue toxic, aplicada a las relaciones y al medio ambiente. Más allá del ámbito químico, lo tóxico designaba ambientes dañinos y vínculos nocivos. Esta toxicidad se refleja hoy de forma clara tanto en brain rot (podredumbre cerebral) como en rage bait (anzuelo de ira), dos modalidades sutiles de manipulación. La primera consiste en malgastar las energías del cerebro dedicando tiempo a consumir materiales sin criterio ni jerarquía, lo que conduce al agotamiento y la saturación. La segunda apela directamente a la fibra emocional del lector para que “pique”, movido por la ira y la indignación, y se dispare así un estado emocional que se amplifica con la interacción colectiva. Una pequeña piedra inicial acaba convirtiéndose en una bola de nieve que arrasa todo a su paso.

Oxford pretende desenmascarar estas dinámicas para que los usuarios puedan reconocerlas, actuar en consecuencia, reducir su impacto y sortear los riesgos de la navegación digital. Viene a la memoria la figura de Ulises en la Odisea, que debe atarse al mástil de su nave para no sucumbir al canto de las sirenas y desviarse de su rumbo. El atractivo irresistible de muchos contenidos digitales provoca hoy el naufragio de no pocas embarcaciones, y la ingenuidad de numerosos navegantes desemboca en adicción y dependencia. No basta con desenvolverse técnicamente en los vericuetos de internet: resulta imprescindible un sólido autoconocimiento personal y una ética del uso de la palabra que nos proteja de la manipulación emocional.

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