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Existen diversos diseños sobre la Navidad, que conmemora el nacimiento de Jesús de Nazaret. Ayuntamientos, comercios, asociaciones… la celebran a su modo. Diseñan la iluminación de las calles, las estrategias comerciales, la simbología navideña, el arte de los pesebres, las tarjetas de felicitación, la gastronomía de las fiestas… Este período no está exento de críticas. Unas, porque un tema de fondo religioso coloree la sociedad. Otras, porque el sentido religioso quede secuestrado por el afán comercial y consumista. Más allá de estas polémicas habituales, me gustaría reflexionar sobre el diseño divino de la primera Navidad.

¿Se puede reducir la encarnación de Jesús a su función redentora? Si el hombre y la mujer no hubieran pecado, ¿habría venido igualmente para completar el plan divino de convertirnos en hijos de Dios y en hermanos unos de otros? Un filón para el diálogo y las disquisiciones teológicas.

Sea como sea, cuando Dios diseñó la primera Navidad tuvo que tomar una serie de decisiones que no quedaron al azar. Estamos tan acostumbrados a los relatos que nos cuesta verlos a distancia. Algunos temas a resolver: lugar de nacimiento, época de la historia, sexo, familia, lengua, clase social, nivel económico y cultural, religión, contenido del mensaje… Si llegáramos a entender las claves divinas, podríamos vivir la Navidad de una manera más auténtica y profunda. No fue escogido un imperio poderoso, sino un país sometido. Los antiguos se preguntaban: si la redención es necesaria, ¿por qué llegó tan tarde? Fue en la plenitud de los tiempos, pero en el fondo un tiempo como otro cualquiera. Se encarnó como hombre. Podría haber sido mujer. Su idioma, el arameo, una lengua minoritaria y minorizada. Clase social humilde, radicada en una zona mas bien marginada. Nivel económico bajo, fuera de las esferas pudientes. Nivel cultural difícil de establecer. Si se afirmara que su madre era analfabeta, muchos se molestarían, pero los datos no son precisos y cabría en el contexto de la época. La religión judía, cumpliendo las prescripciones de la misma. Su biografía contiene capítulos inimaginables para nosotros. Nacimiento en un lugar pequeño, insignificante, fuera de la zona habitada, porque no había lugar para ellos en el hostal. Huida a un país extranjero, Egipto, por problemas con las autoridades locales que lo amenazaban de muerte. Una encarnación humilde, pobre, lejos de los circuitos del poder y del dinero. Casi treinta años creciendo el Reino de Dios en el anonimato de su vida sin predicaciones ni acontecimientos dignos de retener. Tres años de una actividad trepidante, sin menoscabo de una vida interior, tejida de espiritualidad y plegaria, curando enfermos y anunciando a todos la Buena Noticia. 

El plan de Dios sobre Jesús se nos antoja desconcertante y misterioso, quizás un poco como su plan sobre cada uno de nosotros. Intuimos que los planes de Dios siempre están rebosantes de amor, compromiso y misericordia. En Navidad, celebramos con alegría la propuesta de Dios sobre la humanidad. Jesús nos desbroza el camino.