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Acariciar la palabra, mimarla, escudriñarla, conocer sus raíces y significados, descubrir su lugar en una constelación de miles de palabras estampadas en un libro impreso o digital… De eso se trata. La palabra aglutina lo que se quiere expresar y vehicula la comunicación. Cada libro viene a ser una concha que contiene acaso una perla de sabiduría. Las librerías todas están llenas de mis ignorancias y las bibliotecas todas están repletas de mis deseos. La palabra no es una creación ni una conquista. Juan, el evangelista, en el libro sagrado lo expuso magistralmente: «En el principio existía la Palabra y la Palabra estaba con Dios, y la Palabra era Dios.» Nuestras palabras son el reflejo temporal de la Palabra eterna. Son sus destellos multiformes, en distintas claves idiomáticas. Son portadoras de luz, a la vez que proyectamos en algunas de ellas nuestras sombras. En catalán hablar se dice «enraonar» porque la palabra contiene su dosis de razón. Por ello, se vincula al pensamiento y a la filosofía, disciplina ésta que se quiere marginar de los planes de estudio. La palabra alcanza su máxima belleza cuando está al servicio de la verdad, del amor y de la libertad.

La rosa hay que contemplarla, olerla, mimarla, regarla… La sensibilidad se nutre de la beldad, del arte y de la cultura. Más allá de todo esto, la rosa simboliza el amor. En este sentido, hay que cultivarla, dedicarle tiempo, cuidar su fragilidad. El principito llegó a entender que «el tiempo que perdiste por tu rosa hace que tu rosa sea tan importante.» Cada uno es responsable de su rosa.

En Catalunya, en la fiesta de Sant Jorge, el libro y la rosa se hermanan. Todos necesitamos sensibilidad y pensamiento, amor y cultura. Cuando quiero buscar mis orígenes biográficos de lo que representan el libro y la rosa en mi vida, veo que no son una conquista mía, sino una transmisión familiar: la biblioteca de mi padre y el piano de mi madre. Palabra y música. Escritos e interpretaciones. Dos caminos distintos y complementarios para construir el amor. El libro y la rosa, más aun que reclamos comerciales, son una realidad cotidiana y una espléndida transmisión de valores.