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George Gurdjieff escribió Encuentros con hombres notables, obra llevada a la pantalla por Peter Brook en 1979. En ella, narra su relación con nueve personas, todas ellas de género masculino, empezando con su padre. Tanto el autor como el libro me impactaron. Me pregunto cómo sería mi propio libro y qué personas incluiría. Es decir, quiénes han sido las figuras notables, hombres o mujeres, que han marcado mi vida. 

Al aproximarse el día 8 de marzo, que se celebra el Día Internacional de la Mujer que invita a la importancia del reconocimiento femenino, he recordado especialmente dos: Consuelo Giner y Viqui Molins. Ambas compartían muchos rasgos en común: nacieron en Barcelona, fueron religiosas —Consuelo del Sagrado Corazón y Viqui teresiana— y se caracterizaron por su dinamismo. Fallecieron recientemente en la ciudad condal, una en diciembre y la otra en febrero.… 

He mantenido una relación cercana con ambas. Conocí a Consuelo en las reuniones mensuales de las comunidades religiosas del Raval y del Gótico. Recuerdo especialmente que festejamos la celebración de sus 90 años. Ella, con una extraordinaria formación musical, habló de su relación con Jesús en clave de un si sostenido. En cambio, a Viqui la conocí mucho antes al ser directora de la editorial STJ que acogió la publicación de tres libros míos. Simbólicamente nos hermanamos de manera singular cuando durante años compartimos escribiendo cada uno su artículo en una misma página de Catalunya Cristiana. En los encuentros del Raval, Viqui animaba siempre las reuniones. Consuelo, al ser la mayor del grupo, recibía el nombre de abadesa e indicaba puntualmente la hora de finalizarlos.  

Dos mujeres notables que me regalaron su confianza y sus confidencias. Consuelo vivió años en Chile y mediáticamente su presencia pasaba inadvertida. Viqui tenía una fuerte proyección pública y frecuentes apariciones en la televisión. Escribía para publicar. Consuelo también escribía, pero de cara a su intimidad. No obstante, hay un valor que muestra su profunda sintonía entre las dos: el amor a Jesús y a los pobres. 

Tomáš Halík afirma que la confesión explícita de la divinidad de Jesús en los Evangelios se produce una sola vez cuando el dudoso apóstol Tomas, al tocar las heridas de Jesús, exclama: «¡Señor mío, y Dios mío!». A Halík se le reveló el significado de esta frase en la ciudad india de Madrás, donde visitó un orfanato católico lleno de personas hambrientas, enfermas y abandonadas, cerca del lugar donde, según la leyenda, fue martirizado el apóstol Tomás. Concluye: «en las heridas de nuestro mundo podemos ver de forma auténticamente cristiana al Dios invisible y tocar un misterio que, de otra forma, sería difícil de tocar.» 

Consuelo y Viqui en Jesús amaron a los pobres y en los pobres amaron a Jesús. Dos mujeres notables y sobresalientes. Empoderadas, valientes, sin tapujos y con una empatía envidiable. Amaron hasta el final: Consuelo a los 96 años y Viqui a los 88.

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