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Recuerdo una conversación tenida hace más de diez años en la sala de prensa del Vaticano, situada en la Via della Conciliazione. Una de las personas con mayor responsabilidad en el web institucional afirmaba que existían numerosos intentos de penetrar en los servidores para distorsionar los contenidos informáticos. Todo lo que es relevante se puede convertir fácilmente en objetivo para los adversarios, sean de izquierdas o de derechas.

La XIV Asamblea General Ordinaria del Sínodo de Obispos, que ha tenido lugar del 4 al 25 de octubre, ha sufrido dos interferencias con voluntad de incidir en los trabajos sinodales. Cuando el papa Francisco indicó que el tema sería sobre la familia, admiré su audacia porque es una auténtica patata caliente. Tema tan vital como incómodo. Es comprensible que entre los miembros sinodales y también entre los que hicieron llegar aportaciones a secretaría, procedentes de toda la geografía, existan posturas distintas y algunas contrapuestas. Una vez concluido el Sínodo, el Papa dispondrá acaso de un año para elaborar, si lo cree oportuno, una exhortación apostólica postsinodal sobre «la vocación y la misión de la familia en la Iglesia y en el mundo contemporáneo». No creo que se limite a hacer de mero comentarista, sino que realizará alguna aportación de relieve. El tiempo lo dirá.

La primera distorsión corrió a cargo de Krzysztof Charamsa, sacerdote polaco y miembro de la Congregación para la Doctrina de la Fe. Se declaró homosexual, se presentó en público con su pareja catalana y criticó duramente algunos comportamientos eclesiales. Federico Lombardi, portavoz vaticano, afirmó que esta acción «apunta a someter a la asamblea sinodal a una presión mediática injustificada». Sin entrar en los aspectos de la conciencia personal de Charamsa, que hay que respetar, el conflicto se produce entre la vida de pareja y el compromiso de celibato. La llamada orientación sexual no es aquí el tema. Su presencia mediática en Cataluña ha sido espectacular. Por ahora, ha cubierto las dos primeras fases. Primera: sus declaraciones sobre la situación política y la Doctrina Social de la Iglesia. Segunda: su salida del armario y la exhibición mediática de su pareja con el aderezo crítico. La tercera, según indicios, será la presentación de un libro sobre estos temas, por el que ha recibido sustanciosas cantidades al ser protagonista de esta campaña. Algunos lobbies de Estados Unidos de América podrían decir algo.

La segunda distorsión fue provocada por la falsa noticia de un diario italiano que afirmó que el papa Francisco tiene un tumor celebral. L'Osservatore Romano lo consideró como «un intento de manipular» el Sínodo y Federico Lombardi dijo: «Puedo confirmar que el Papa goza de buena salud.» El objetivo de esta noticia no pretendía preocuparse por la salud del Papa, sino difundir que una persona que tenga un tumor cerebral no podía ser responsable de lo que hacía ni de lo que decía. Un modo de descalificar al Papa y desactivar las reformas que está pilotando. Actitud malévola.