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Días mejores (2022) es el título de una serie de televisión dirigida por Cristóbal Garrido y Adolfo Valor. Originalmente se llamó El día menos pensado. La trama es sencilla: cinco personajes coinciden en una peculiar terapia de duelo para padres y madres que han perdido a su pareja. Pero el duelo nunca es tan sencillo como parece. No es fácil afrontar la pérdida, ni siquiera para la terapeuta que, bajo una magnífica apariencia profesional y un cierto ejercicio de madurez, lleva dentro su propio problema todavía irresuelto. El trabajo psicológico consiste en reconstruir sobre las cenizas y, al mismo tiempo, abrir nuevos horizontes de esperanza.

Surge un paralelismo. ¿Cómo puede un colectivo afrontar sus pérdidas? Hace escasos días se han cumplido veinticinco años de aquel 11 de septiembre en que las Torres Gemelas de Nueva York se desplomaron tras el impacto terrorista de dos aviones, reduciéndose a escombros. Tras el esplendor y la magnificencia de su arquitectura se descubrió su vulnerabilidad, brutalmente evidenciada en la zona cero. También se destruía un símbolo. Después vino la reconstrucción: One World Trade Center, el Memorial y Museo del 11-S, Oculus y otros edificios, junto con nuevas zonas culturales y residenciales. Incluso hoy, veinticinco años después, la reconstrucción no está completamente concluida. Pero el miedo y una obsesión extrema por la seguridad siguen vigentes y se han extendido a lo largo y ancho de la geografía mundial. Lo que se ve es la recuperación. El tejido urbano se ha rehecho, pero las heridas siguen sin cicatrizar. La reconstrucción no equivale necesariamente a la sanación.

Llama la atención que la fiesta nacional de Catalunya coincida, también en el mismo día 11 de septiembre, con una derrota militar ocurrida en 1714. Trescientos doce años después, la herida sigue viva. No ha cicatrizado. La memoria de una pérdida puede atravesar generaciones. La paz no siempre significa que las heridas hayan dejado de doler. Los colectivos tienen sus propios mecanismos para afrontar sus pérdidas y, en ellos, aparecen también dinámicas semejantes a las de los procesos personales. La doctora Soledad Laforet, interpretada por Blanca Portillo en Días mejores, confronta a cada uno de sus pacientes con las pérdidas que han marcado sus vidas. ¿Qué se puede hacer en el terreno social para que los colectivos elaboren los traumas que los sacuden? Muchos prefieren reconstruir antes que resignarse, pero tendrán que enfrentarse también a quienes, por miedo o por interés, ponen palos a las ruedas porque se sienten amenazados por la nueva situación.

También las sociedades pueden quedar atrapadas en sus heridas. Cuando el miedo domina, la reconstrucción puede dejar paso fácilmente al control, la desconfianza y la lucha por el poder. Quienes ejercen el poder pueden sentirse amenazados o considerar que sus privilegios se tambalean y, entonces, bloquean e impiden el afán de mejora que albergan tantas personas. Lo estamos viendo en distintos lugares del mundo. Importantes gobernantes se han precipitado a una carrera por dominar a los demás. El precio que estamos pagando es colosal: muertes, sufrimientos y heridas que tardarán mucho tiempo en cicatrizar. También aquí se hace necesaria una terapia colectiva que ayude a elaborar las pérdidas sin convertirlas en alimento para nuevos enfrentamientos. Ciertamente, todo el mundo suele esforzarse por vivir días mejores. Pero no basta con reconstruir lo que se ha derrumbado. También hay que sanar aquello que permanece herido. Una pregunta me queda: ¿cómo elaboro las pérdidas que experimento en mi vida personal y también como miembro de una sociedad? ¿Qué proceso necesito recorrer para alcanzar un mayor nivel de paz interior y de armonía social? ¿Cómo transformar las heridas sin quedar atrapado en ellas? Sin autoengaños. Comprometido hasta el fondo.

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