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El domingo 28 de abril las urnas se convierten de nuevo en recipientes de votos con un poder de delegación de condiciones a menudo imprevisibles. Siempre, en una jornada de votaciones, me vienen a la mente las palabras de Rousseau en el Contrato Social, escrito en 1762: «Por poca influencia que mi voz pueda tener en los negocios públicos me basta el derecho que tengo de votar para imponerme el deber de enterarme de ellos.» El derecho que tengo a votar me impone el deber de instruirme. Hoy, los medios de comunicación y las redes sociales a través de la tecnología me proporcionan muchas informaciones, pero a la vez me inoculan tanta o más cantidad de desinformación. Instruirme implica prestar la máxima atención para filtrar los contenidos que recibo con el fin de detectar la verdad, el sesgo manipulativo de los eslóganes, la carga emocional orientada en decantar mi voto por resortes afectivos a veces inconscientes, por miedos inconfesables explotados sin conciencia por los equipos de campaña…

Rousseau en el mismo libro, líneas después de la cita anterior, escribe: «El hombre ha nacido libre, y en todas partes se halla entre cadenas.» Con frecuencia, prestamos atención solo a las cadenas exteriores, que son muchas y variadas. Despotricar de los medios de comunicación suele ser una práctica bastante común. El papa Francisco dijo que un pecado de la prensa es la coprofilia, el decir el amor por la cosa sucia, por las porquerías informativas. Hay quienes las producen y las publican, pero servirían de poco si las personas no practicaran la coprofagia, es decir, las consumieran, se alimentaran de ellas y engordaran la audiencia de los medios que las divulgan. La batalla por la libertad empieza en el corazón de cada persona. Poco a poco, vamos aumentando en conciencia ecológica y en la necesidad de cuidar el planeta. Los deshechos son visibles. No obstante, queda un paso mucho más sutil: la ecología espiritual, que rechaza la mentira, el insulto, el odio, la manipulación...

Siempre que defiendo un derecho cabe preguntarse: ¿Quién tiene el deber de garantizarlo y cómo se debe ejercer?