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En las vallas publicitarias del metro he leído diversos enunciados de la campaña «Defendamos lo que es obvio», auspiciada por la Generalitat. La obviedad 33 afirma: «Todas las personas tenemos derecho a un trabajo digno, regulado y seguro, sea cual sea nuestra profesión, origen, género, edad, religión, capacidades u orientación sexual». A primera vista, nadie puede estar en contra de un enunciado similar. Sin embargo, cuando uno comienza a pensar, surgen muchas dudas e interrogantes. ¿De qué sirve formular un derecho si no garantiza que se vaya a respetar en su integridad? ¿A quién corresponde dar trabajo: a las instituciones públicas o a las empresas privadas? Mas aun, hay que dar trabajo, pero además sin que nadie se quede sin él. ¿Quién pone remedio a las cifras escandalosas de paro en nuestro país, pese a que todos los ciudadanos tienen derecho a un trabajo? Dicho sin más, proclamar un derecho sin posibilitar su ejercicio es papel mojado.

Las instituciones públicas deben velar para que las contrataciones laborales estén bien reguladas, pero ¿cómo pueden garantizar la seguridad? Las empresas se crean y corren riesgos de manera que su continuidad está siempre en el aire. Por circunstancias ajenas a su voluntad. También puede que sea por incompetencia o por avidez. Quienes gozan de mayor seguridad en el mundo laboral son los funcionarios. Curiosamente su seguridad (y remuneración) es posible gracias a los impuestos que pagan las personas cuyo trabajo pende de un hilo. Este hecho debiera ser suficiente para que los funcionarios extremaran su servicio a la sociedad y fueran altamente responsables en el ejercicio de su función. Cuando la paga está asegurada al margen del servicio prestado se corre el riesgo de bajar la guardia y perder de vista la vocación al bien común.

La plataforma Església pel Treball decent, mediante el estudio serio, la reflexión crítica, la sensibilización social y la búsqueda de propuestas con la máxima participación de los agentes sociales, realiza una tarea a favor del trabajo decente que permita vivir dignamente a todas las personas. Un grano de arena. Se necesitan muchos más.