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La CUP (Candidatura d’Unitat Popular) ha manifestado que no piensa investir a Artur Mas como presidente de la Generalitat. Ahora, cuando sus votos son necesarios por las exigencias aritméticas de los resultados de las elecciones, se ha puesto en primer plano la coherencia en la acción política. Si los parlamentarios de la CUP son coherentes con sus promesas, deberán mantener sus promesas. A propósito de esta situación, cabe reflexionar sobre la coherencia y su alcance.

¿Qué significa coherencia? La segunda acepción de esta palabra en el diccionario de la RAE la define como: «Actitud lógica y consecuente con una posición anterior.» El ejemplo que acompaña a esta definición es claro: «Lo hago por coherencia con mis principios.»  Esta acepción, tan explícita, no aparece en el DIEC2. 

Siempre que los principios sean éticos y válidos, la coherencia es una cosa buena. En caso contrario, la coherencia puede agudizar el error, pese al valor que implica ser coherente. Quien afirma ser creyente y no practicante muestra un signo claro de incoherencia. ¿Es deseable que un partido sea coherente con sus promesas electorales? Sí. Un partido que se esfuerza por ser coherente, ¿puede querer que los demás lo sean? Sin duda. Si solo uno quisiera ser coherente a expensas de no serlo los demás conduciría a situarse en una superioridad moral farisaica. ¿Cuál es el problema? La CUP ha afirmado que no piensa investir a Mas como presidente. Esta promesa le ha reportado un probable incremento de votos gracias a votantes de otras formaciones que no quisieron votar a Mas, pero querían mantener su opción por la independencia. Las razones de la CUP son discutibles, pero la decisión es clara. Ahora bien, resulta que Junts pel Sí también tomaron un acuerdo: Mas, a pesar de ir en el número cuatro de la lista, sería el presidente. Junts pel Sí también puede invocar la coherencia. Aquí tenemos un conflicto evidente. Junts pel Sí y la CUP no pueden ser coherentes simultáneamente con lo acordado. No obstante, hay que recordar que el primero ha obtenido 62 escaños. El segundo, 10. 

La coherencia requiere jerarquía. Si una persona, un partido o una coalición, ha realizado determinadas promesas y no puede llevarlas a cabo a la vez, habría que optar por una en perjuicio de otra. Para la CUP, ¿qué es más importante: no investir a Mas o conseguir la independencia? Junts pel Sí podría vivir una disyuntiva similar: Mas es presidente o, en caso contrario, será necesario provocar nuevas elecciones para no romper su acuerdo.

Algunos problemas con la coherencia surgen por causas evidentes. Un partido que sabe que no va a gobernar puede prometer mucho. Si llegara a gobernar tendría graves problemas de coherencia. Lo hemos visto en Grecia. Los que no gobiernan pueden despotricar contra los recortes, pero si hubieran gobernado, ¿qué hubieran hecho? Las incoherencias pueden ser el resultado de haber formulado mal las promesas —la realidad es superior a la idea—, o de no tener el temple moral de atenerse a ellas. ¿No es una incoherencia, sin embargo, decir que no importa el quién y vetar a Mas, así como ser independentista, pero convertirse en la gran esperanza de los unionistas?