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La clepsidra es un aparato que permite medir el tiempo a través del paso que el agua hace de un recipiente a otro. Este artificio tiene raíces muy antiguas. La palabra que le da nombre hunde su etimología en la lengua griega. Se trata de un compuesto de dos términos: robar y agua. El agua del primer recipiente no se puede retener, sino que de manera constante es robada por el paso del tiempo. La clepsidra no realiza pausas, no alarga unos instantes en beneficio de otros, funciona de manera implacable. El presente es el paso entre el pasado y el futuro, entre el sueño y la memoria. Tan actual como huidizo.

Aún resuenan los deseos de felicidad de un año nuevo. Aún en los oídos resuena el tañido de las doce campanadas. Aún en el paladar queda el sabor de las uvas y el gusto del cava. Aún en la retina se conservan las imágenes de la televisión. Aún se siente el calor de los abrazos. Aún regresa al corazón el susurro de las plegarias. Aún el dolor, la soledad, el hambre siguen presentes en la vida de muchas personas, que miran los festejos de los demás desde la lejanía de la exclusión y la pobreza. A partir del primer segundo del nuevo año, la clepsidra de 2017 ha comenzado a funcionar. 

Este artilugio marca el tiempo del cronos. Un segundo es igual a otro segundo. Un minuto es igual a otro minuto. Una hora es igual a otra hora. Un día tiene 24 horas. Medida objetiva, neutra, del tiempo que pasa para todos. Concentra su objetivo en la cantidad. 

Somos las personas quienes llenamos de contenido y significado el tiempo del cronos para convertirlo en tiempo del kairós. Aquí es donde aparecen las diferencias cualitativas. Kanji Watanabe, protagonista de la película Ikiru (Vivir) de Akira Kurosawa (1952) vive con mayor plenitud los últimos seis meses de su vida que las decenas de años que los preceden. Antes había vivido como un autómata, como un ser mecánico, dormido, sin conciencia. Durante los últimos meses, conocedor de una enfermedad mortal que le aqueja, llena de sentido el proyecto de su vida y muere en paz. El ritmo cronológico de la clepsidra roba el tiempo que se esfuma instante tras instante. El kairós, la plenitud, el significado… depende de nosotros. Las líneas del pentagrama son iguales en todas las partituras, pero en algunas la música es mediocre y en otras la sinfonía es sublime.

Con los progresos técnicos, existe la ambición de prolongar la vida hasta edades longevas. Siempre el cronos… El paso a la plenitud va en otra dirección: vivir una vida con densidad y sentido. Los místicos no temen la brevedad de la vida, sino su insignificancia. Los místicos saben que la máxima expresión de su existencia se alcanza a través del amor. San Juan de la Cruz lo recuerda: «Mi alma se ha empleado, y todo mi caudal, en su servicio; ya no guardo ganado, ni ya tengo otro oficio, que ya solo en amar es mi ejercicio.»

La clepsidra puede robarte el agua del tiempo, pero nunca el valor de la eternidad.