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Paciencia Melgar, de 47 años, guineana, es una religiosa que pertenece a la Congregación de las Misioneras de la Inmaculada Concepción (MIC). Las concepcionistas fueron fundadas en 1850 en Mataró por Alfonsa Cavin Millot. Se trata de una institución comprometida en la educación y en la atención a los niños y jóvenes en riesgo. Actualmente, sigue teniendo una presencia importante en Cataluña. 
 
La hermana Paciencia, que trabajaba conjuntamente con Miguel Pajares, contrajo el virus del Ébola en Liberia al entregarse como voluntaria a atender a los enfermos del Ébola. Cuando Miguel Pajares, hermano de la Orden de San Juan de Dios, fue repatriado a España se vetó el traslado de la hermana Paciencia. Más tarde, se supo que la razón fue por no gozar de nacionalidad española, pese a que había atendido a Miguel Pajares. Abandonada por todos, la muerte de la hermana Paciencia parecía ser cuestión de días. Pese a vivir en las condiciones médicas lamentables, superó el virus. Después de pasar 21 días en cuarentena, se reconoció su curación. Entonces, pasó de ser «material desechable» sin nacionalidad española a un recurso valiosísimo del que había que disponer por todos los medios. Cuando Manuel García Viejo, otro religioso español, fue repatriado, el plasma de la hermana Paciencia era un tesoro codiciado. Pese a no tener nacionalidad española, fue llevada a Madrid. Los trámites burocráticos se resolvieron con gran celeridad, pero la situación estaba tan avanzada que no se pudo hacer nada. No obstante, Teresa Romero, auxiliar de enfermería, pudo recibir el plasma de la hermana Paciencia, hecho determinante para celebrar su recuperación.
 
Me avergüenza la actuación del gobierno español, con una actuación jurídica discutible, que primero apela a la ley para rechazar la atención a la religiosa que había atendido primorosamente a un ciudadano español en Monrovia y después la trae por todos los medios para «utilizarla» como plasma curativo. La pésima gestión del gobierno español en el tratamiento del virus del Ébola no sólo ha puesto de manifiesto la incompetencia de los responsables políticos sino su falta de valores, de ética y de escrúpulos.
 
Mi admiración y reconocimiento por la hermana Paciencia y por la congregación de las Misioneras de la Inmaculada Concepción. Podía haberse negado, pero su caridad, su entrega, su donación están por encima del menosprecio recibido. Los religiosos y otras personas que trabajan en la misma línea se preocupan por el ser humano sin importar sus papeles y su procedencia.
 
Mientras en los salones de la frivolidad se discutió sobre el coste de la repatriación, realizada con todo el despliego mediático a bombo y platillo. Se olvidó el viaje de una anterior ministra de Defensa que se desplazó a Afganistán con un avión medicalizado por su estado avanzado de gestación sólo por interés de impacto político. Se olvidaron las tarjetas bancarias, el proyecto Castor…
 
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