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Por Lluís Serra Llansana . Lun, 07/01/2013 - 10:04
En Gerasa

 

Más allá del histrionismo de José Ignacio Wert, nutrido con símbolos taurinos, en su reforma educativa hay un programa encubierto, cocinado en los laboratorios de las FAES y defendido por el PP, parte del PSOE y los emporios mediáticos de la extrema derecha. No hay que dejarse despistar.
 
Alvin Toffler mostró con gran talento en La tercera ola el programa encubierto del sistema industrial. La educación general se construyó sobre el modelo de la fábrica, que pedía un tipo determinado de trabajadores. El programa descubierto consistía en enseñar unos fundamentos de lectura, escritura, aritmética con un poco de historia y otras materias. El programa encubierto o invisible era más elemental. Se componía de tres clases: puntualidad, obediencia y trabajo mecánico y repetitivo. Estos tres ingredientes permitían funcionar las fábricas: puntualidad, llegar a la hora, especialmente los peones de una cadena de producción; obediencia, aceptar sin discusión las órdenes emanadas de los directivos; y trabajo repetitivo como esclavos en máquinas, realizan operaciones brutalmente repetitivas. Tanto los capitalistas como los comunistas se nutrían del mismo modelo. Las escuelas «fueron convirtiendo a generación tras generación de jóvenes, en una dócil y reglamentada fuerza de trabajo del tipo requerido por la tecnología electromecánica y la cadena de producción». Pese al progreso que una educación trae consigo, la motivación resulta escalofriante.
 
El programa descubierto de la nueva ley apunta a la mejora de la calidad educativa, pero el programa invisible tiene otros objetivos: inocular una visión uniformista de España de acuerdo con la ideología del PP, atacar las diferencias a través de una recentralización en todos los niveles, imponer la supremacía del castellano en detrimento de las otras lenguas españolas, a las que hay que convertir en residuales, dividir la sociedad catalana atacando al mejor instrumento de cohesión social: la inmersión lingüística, destruir la lengua catalana como requisito para aniquilar la identidad del «nordeste de la península» e impedir así su derecho a decidir, con ayuda del ahogo económico y financiero. Un pueblo dividido y debilitado es fácilmente manipulable. No se empieza la tarea, se prosigue: división de la unidad lingüística (catalán-valenciano, archivos diferenciados en la Biblioteca nacional…), el modelo de acoso en la Comunidad Valenciana y en las Islas Baleares, creación de obstáculos para impedir el reconocimiento europeo del catalán en Bruselas… La política sustituye a la pedagogía. La violencia, a la seducción. No hay que perder el tiempo en Wert, lo importante está detrás: todos los instrumentos de poder político, judicial y mediático al servicio del programa encubierto, que no respeta el derecho y que actúa sin escrúpulos. No basta una explosión emocional. Cataluña tiene que resistir con inteligencia.

 

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