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NOTA. Hablamos de biodiversidad al referirnos al conjunto de todos los seres vivos de la naturaleza, de una región geográfica concreta o de un grupo taxonómico de-terminado.

Una vez planteada la cuestión del agua potable, Francisco ha afrontado un tema mucho más complejo que a menudo pasa inadvertido: el riesgo de pérdida de la biodiversidad en el planeta. Enseguida ha indicado la causa: «Los recursos de la Tierra también están siendo depredados a causa del modo inmediatista de enten-der la economía, el comercio y la producción» (LS 32).
El Papa no ha dudado en plantear esta cuestión, cuya complejidad es evidente. En efecto, ya no podremos conocer los miles de especies vegetales y animales que desaparecen cada año; nuestros hijos ya no podrán verlos porque los habremos perdido para siempre. «No tenemos derecho a provocarlo» (LS 33).
También ha recordado que el costo de los daños ocasionados por estas actua-ciones irresponsables es mucho más alto que los beneficios económicos que se pueden lograr. «Hemos creído que nosotros podemos substituir una belleza irreem-plazable e irrecuperable por algo que nosotros mismos hemos creado» (LS 34).
Por otra parte, el cuidado de los ecosistemas supone una mirada que va más allá de lo inmediato; porque, cuando solo se busca una ganancia económica rápida y fácil, parece que a nadie interese su preservación (cf. LS 36).
El riesgo de pérdida de la biodiversidad no parece preocuparnos, quizá porque no pensamos en las consecuencias. Olvidamos que el planeta no va a ser el mismo sin los vegetales y los animales que los que hoy lo habitamos habremos eliminado para siempre (cf. LS 37-41).
Nos irá bien recordar lo que Francisco ha recomendado sobre la responsabili-dad que corresponde a cada territorio en el ámbito de la biodiversidad.

Una de las ideas que aparecen a menudo en los escritos de Francisco es la de la interconexión entre todo lo que ocurre en el planeta. «No podemos dejar de consi-derar los efectos de la degradación medioambiental, de los actuales modelos de desarrollo y de la cultura del descarte en la vida de las personas» (LS 43). Según él, en el mundo global los compartimientos estancos no existen. Por ello, no nos sorprende que también subraye esta idea al referirse a la degradación social: la degradación de la naturaleza afecta a la convivencia (cf. LS 44-45). No ha dudado en afirmar que algunas innovaciones tecnológicas están dando lugar a graves consecuencias de carácter social que se ponen de manifiesto en ám-bitos muy diversos: el empleo, la exclusión, la falta de equidad en la distribución y el consumo de energía, la fragmentación social, el crecimiento de la violencia y el aumento de nuevas formas de agresividad, el consumo de drogas entre los jóvenes, la pérdida de identidad, etc. Si esto es así, es obvio que los avances tecnológicos no siempre han conducido a un verdadero progreso integral y a una mejora de la cali-dad de vida de los ciudadanos (cf. LS 46). Francisco tampoco ha dejado de aludir a la repercusión de los recursos tecnológi-cos que el mundo digital ha puesto a nuestra disposición en todas las dimensiones de la vida personal y social, sobre todo en los países llamados ‘ricos’. «Cuando los medios de comunicación y el mundo digital se hacen omnipresentes, su influencia puede dificultar que las personas aprendan a vivir sabiamente, a pensar en profun-didad y a amar con generosidad» (LS 47). Y lo ha justificado así: «Las relaciones personales con los demás, con todos los desafíos que comportan, tienden a ser reemplazadas por un tipo de comunicación a través de Internet que nos permite seleccionar o eliminar relaciones a nuestro arbitrio; así, se genera un nuevo tipo de emociones artificiales que tienen que ver más con dispositivos y pantallas que con las personas y la naturaleza. Es cierto que estos nuevos medios nos capacitan para comunicar y compartir conocimientos y afectos. (…) Junto a las abrumadoras posibilidades ofrecidas por estos recursos, también puede aparecer una profunda y melancólica insatisfacción en las relacio-nes interpersonales, o bien un peligroso sentimiento de soledad» (LS 47). Debemos esforzarnos para que esos medios se conviertan en fuentes de un nuevo progreso cultural de la humanidad, no en una causa de degradación social.