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3. LA ECOLOGÍA tiene una imprescindible dimensión moral

Hoy no podemos concebir la ecología sin tener en cuenta todas sus dimensiones, y una de ellas es la dimensión moral; incluye cuatro aspectos que el papa Francisco ha puesto de relieve.
— En primer lugar, la exigencia de un respeto absoluto al ser humano: debe-mos «salvaguardar las condiciones morales de una auténtica ecología humana», recordando que «el auténtico desarrollo humano posee un carácter moral y supone el pleno respeto a la persona humana» (LS 5).
— En segundo lugar, la necesidad de prolongar este respeto a todo ser vivo, sin excepción alguna: «tener en cuenta la naturaleza de cada ser vivo y de sus rela-ciones en un sistema ordenado» (LS 5).
— En tercer lugar, el compromiso de pasar de una concepción del conjunto de la naturaleza como una posesión del ser humano para que disponga de ella, a la valoración de esta misma naturaleza como una hermana, al estilo de san Francisco de Asís (LS 10-11).

4. LA NATURALEZA se degrada por el mal uso y el abuso

— En cuarto lugar, el compromiso de lograr que el progreso científico y técnico vaya acompañado por un continuo progreso social y moral al alcance de todos los ciudadanos: «Los progresos científicos más extraordinarios, las proezas técnicas más sorprendentes, y el crecimiento económico más prodigioso se volverán defini-tivamente contra el hombre si no van acompañados por un auténtico progreso so-cial y moral» (LS 4).
A lo largo de la lectura del pensamiento del papa Francisco recordaremos estos cuatro aspectos de la dimensión moral de la ecología, que nos permitirán com-prender el alcance de la expresión ecología integral. «En san Francisco descubrimos hasta qué punto son inseparables la preocupación por la naturaleza, la justicia con los pobres, el compromiso con la sociedad y la paz interior» (LS 10).

Según Francisco la degradación de la naturaleza está estrechamente vinculada a la cultura que modela la convivencia humana. El entorno natural está maltrecho por culpa de nuestro comportamiento irresponsable; junto al entorno natural, nuestro entorno social también está malherido.

La causa de este deterioro de nuestro entorno la encontramos en nosotros mismos, los seres humanos: a menudo hemos creído que no existen verdades indiscutibles que guíen nuestras vidas, como si la libertad humana no tuviera límites. Creemos que somos dueños absolutos del conjunto de la creación y que podemos hacer de ella lo que nos plazca, poniéndola al servicio de nuestros intereses personales sin tener en cuenta las necesidades y los intereses de los demás. En resumen, actuamos como si nadie pudiera condicionar nuestro comportamiento. Imaginamos que nadie puede poner límites a nuestra libertad y que el conjunto de la naturaleza está a nuestro servicio (cf. LS 2).

Francisco ha hecho suyas unas duras acusaciones del patriarca ecuménico de Constantinopla, el patriarca Bartolomé, que en el año 2012 había denunciado los pecados contra la creación y había invitado a rezar por los seres humanos que los cometen, a menudo sin ser conscientes de ello: «Los seres humanos destruimos la diversidad biológica creada por Dios; degradamos la integridad de la tierra y provocamos cambios en el clima; despojamos la tierra de sus bosques naturales y destruimos sus humedales; contaminamos las aguas de la tierra, la misma tierra, el aire y la vida que hay en ella. Todo esto es pecado. Porque un crimen contra la naturaleza constituye un crimen contra nosotros mismos y un pecado contra Dios» (LS 8).

Este pensamiento conduce a Francisco a formular la misma conclusión a la que había llegado el patriarca Bartolomé: «Las raíces éticas y espirituales de los problemas medioambientales exigen que encontremos soluciones no solo mediante la tecnología, sino también con el cambio de los seres humanos. Si no lo hiciéramos, solo afrontaríamos los síntomas» (LS 9).

Las actitudes que obstruyen el proceso de cambio del modo de comportarnos son consecuencia de la falta de reconocimiento de los problemas y de una indiferencia generalizada; a menudo, también de una ciega confianza en las soluciones técnicas. Necesitamos impulsar una nueva solidaridad universal para afrontar, todos juntos, un desafío que afecta a todos (cf. LS 14).