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Por Lluís Serra Llansana . Dom, 20/11/2022 - 08:00
En Gerasa

Hay temas que van y vuelven. Crianza respetuosa es uno de ellos. Tiene relación con la teoría del apego de John Bowlby. Consiste en tratar a los niños con respeto, fomentando su autonomía, su confianza, sin abusar de la autoridad ni hacer dejación de ella. Hay padres de alumnos de parvulario y de infantil que han leído algo sobre esta teoría y que ingenuamente creen aplicarla porque se creen modernos. Los principios y valores que propone la crianza respetuosa son dignos de tener en cuenta. Los problemas se producen cuando se quiere aplicar esta propuesta pedagógica sin tener un claro criterio educativo. Las posturas extremas son negativas. Por una parte, las actitudes autoritarias establecen limitaciones, a menudo de manera arbitraria. Ahogan la personalidad de los niños, que les falta espacio para respirar. Por otra, cuando los padres adoptan una actitud permisiva, se elimina cualquier limitación, motivo por el cual los niños no saben dónde se encuentran. Dos posturas nefastas, que se alejan del respeto verdadero.

Etty Hillesum, a sus 27 años, escribe el lunes 22 de diciembre de 1941, en su Diario, una reflexión autobiográfica que resume estas dos posturas extremas: «Muchas personas están demasiado atadas, demasiado sujetas a unas ideas, que transmiten en su educación también a sus hijos. No queda apenas libertad de movimiento». Esta afirmación refleja una crítica a la educación basada en el autoritarismo. Y el texto sigue: «En nuestra casa ocurrió precisamente lo contrario. Al parecer mis padres se vieron cada vez más superados por la infinita complejidad de la vida, de tal modo que nunca pudieron tomar una decisión. Dejaron a sus hijos demasiada libertad de movimiento. Nunca pudieron ofrecernos un punto de apoyo, porque ellos mismos nunca encontraron ninguno. Nunca contribuyeron en nada a nuestra formación, porque ellos mismos nunca pudieron encontrar un modelo». Permisividad total, carencia de límites, incapacidad de ofrecer criterios de vida… Los niños sin límites están desubicados. No saben tratar a sus padres y les pierden el respeto. Patalean y les insultan. La solución no es el autoritarismo, sino la autoridad respetuosa, como arte de establecer solo los límites necesarios y convenientes. Maestros de infantil observan que cada vez más niños llegan de casa sin consciencia ninguna de los límites, convirtiendo así su tarea educativa en un empeño arduo y muy difícil.

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