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He interrumpido -cosa de un par de meses- los comentarios al "Credo". Trabajo y ocupaciones, seguramente más urgentes que importantes. Ahora, ya tengo terminada toda la serie del "Credo", para que salga a CatalunyaReligió pero antes, quisiera hacer aquí mismo una pausa, con este comentario, que tiene mucho que ver con un tema permanente -la fe- pero tiene que ver también con un tema ocasional: la esperanza que Francisco, el obispo de Roma, ha extendido por toda la Iglesia que preside como Papa.

Todo ello en relación con la Solemnidad de los Apóstoles Pedro y Pablo (29 de junio) que parece prolongada por la fiesta del Apóstol Tomás de este miércoles (3 de julio).

Resuena todavía la autenticidad de la fe de Pablo, tal como la resume la Segunda Carta a Timoteo: "Ha llegado la hora de mi partida. He combatido el buen combate, he terminado la carrera, he conservado la fe "(2 Tim 4,6-7).

La fe de los cristianos es, por tanto, una aventura que se asemeja a un combate, a una carrera, a un ejercicio de perseverancia: "Con vuestra perseverancia salvaréis la vida", dice Lucas 21,19. En definitiva, es una aventura que se vive con Dios: "Gustad y ved que el Señor es bueno. ¡Feliz el hombre que en él confía! ", dice el Salmo 33, 9, cantado en la Solemnidad de San Pedro y San Pablo. Sucede que el cristianismo más que una religión de libro es la religión de la revelación de Dios por Jesús y, por tanto, es la religión de ​​la oración, del diálogo, de la comunicación mutua, de la amistad entre Dios y el hombre.

Alrededor de la prisión de Pedro aparece la oración de toda la comunidad: "Mientras Pedro estaba en la cárcel bien vigilado, la comunidad oraba a Dios intensamente" (Hechos 12,5). Por cierto las comunidades de Pedro y las de Pablo son diferentes. Pedro predica a las multitudes y las hace bautizar: un día 3.000, otro 5.000 (Hechos 2,41; 4,4). Pablo, podríamos decir con un anacronismo, promueve lo que Benedicto XVI ha calificado como "minorías creativas": convierte grupos no muy numerosos, los visita, los acoge, convive largamente, en Corinto, en Éfeso ...

Hago otra anacronismo: las multitudes (Petrinas) que llenan la Plaza de San Pedro de Roma no excluyen, al contrario,  piden la existencia de los grupos bien formados ("minorías paulinas" como los grupos de "lectio divina", o quienes comparten su comida con los que no tienen, o los que llevan proyectos de justicia y amor a la vida social). Todos, los de Pedro, los de Pablo y los de Tomás, están fundamentados en Cristo, la Piedra angular (Efesios 2,20) e intentan hacerlo presente entre la gente.

Y ahora viene la pregunta ocasional pero muy importante: ¿ Cómo puede valorarse la esperanza que están generando los gestos, las palabras y las disposiciones prácticas del Papa Francisco de cara a la conversión hacia una Iglesia más evangélica, más atenta a la Palabra de Dios, mas pobre y de los pobres? Quisiera decirlo incluso con un cierto toque de solemnidad: tengo la convicción, basada en una pura observación de los hechos, que la esperanza; que genera Francisco es sólida. Sí, la pura sucesión de los hechos, el nombramiento de los ocho cardenales para la colegialidad, la actuación prudente y enérgica con el IOR (Banca Vaticana), la continua valorización de la Palabra evangélica que es la persona de Jesús ... , las palabras y los hechos de Francisco nos advierten de que la cosa va en serio. Vale la pena que mientras Francisco lucha y sufre con amor, toda la Iglesia esté a su lado en oración intensa en Cristo.