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Cada inicio del curso académico supone un montón de retos, aunque, ciertamente, ni todos son de la misma magnitud ni del mismo ámbito. El contenido confluyente de tres grandes relatos actuales tendrá que centrar la labor educativa de manera muy significativa a partir de este 2015-2016 en la ecología y la sostenibilidad. En efecto, la encíclica Laudato si del Papa Francisco sobre el cuidado de la casa común (mayo 2015), el documento Repensar la educación. ¿Hacia un bien mundial?, de la Unesco (también de 2015) con un primer punto titulado «El desarrollo sostenible: una preocupación esencial», y, finalmente, la agenda de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) prevista para su aprobación durante el próximo otoño, configuran tres voces de irrenunciable acogida y de necesaria reacción.

La ecología y la sostenibilidad no son temáticas nuevas y quizás para muchas personas puedan suponer una cierta reiteración. Pero cuidado, porque lo que nos están indicando estos documentos —con una perspectiva muy preocupada pero al mismo tiempo sin caer en un pesimismo cerrado— es que tenemos que asumir algo radical y de prioridad máxima. Los retos son gigantescos y las transformaciones, todavía demasiado débiles. En efecto, podríamos decir que estamos en el tiempo de descuento y, sí o sí, se tiene que hacer un gran esfuerzo por parte de todos. En el ámbito educativo —sea la educación obligatoria, postobligatoria, universitaria o no formal—, este nuevo mensaje y posicionamiento ante la ecología y la sostenibilidad tiene que ir más allá de un «lavado de cara» de nuestra ya tradicional educación ambiental.

En cualquier entorno educativo será necesario, pues, tener presente cinco aspectos fundamentales. Primero, asumir el problema de fondo que no es otro que la cuestión antropológica. Necesitamos una formación más profunda y un replanteamiento de nuestra dimensión relacional, el diálogo y la responsabilidad. En segundo lugar, situar el compromiso por la sostenibilidad y la ecología en el marco de un itinerario educativo firme del compromiso ético de la persona. Tercero, garantizar unos conocimientos científicos básicos de las cuestiones prioritarias del debate desde la distintas áreas del conocimiento. También, una opción decidida por una visión holística e integradora de la ecología, es decir, una ecología social, ambiental, económica y cultural. Finalmente, educar desde escenarios que institucionalmente opten decididamente y eficazmente por la sostenibilidad. ¿Aprovecharemos de verdad este tiempo de descuento?

Publicado en Catalunya Cristiana, núm. 1876 de 6 de septiembre de 2015, pág. 12.