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Evidencia o tópico? ¿Posible o imposible? ¿Convencido o escéptico? Todo el mundo puede formularse esta pregunta: ¿qué sentido tiene el vector básico que dirige mi vida? ¿Es una fuerza que va de dentro hacia fuera o de fuera hacia dentro? O todavía más claro: ¿quién o qué construye mi proyecto? Formar una personalidad sólida y armónica significa ir elaborando y desarrollando un proyecto de vida que dé sentido a nuestra existencia. Lo humano, en su crecimiento, no puede quedar al margen de su propia decisión —libertad—, de sus posibilidades —autonomía— y de los demás —solidaridad. Y todo esto implica que el yo ha de tener la posibilidad de definirse y determinarse desde el interior.

En el pasado, demasiadas veces, este crecimiento se ha visto dificultado por un entorno represivo que se manifestaba a través del autoritarismo, las obligaciones, el miedo, etc. Diferentes realidades de nuestra sociedad como la propia educación, las relaciones laborales, la política, la situación de la mujer o la propia religión han sido favorecedores de una «determinación exterior» que más allá de ser ilustrativa, orientadora o interpeladora alcanzaba vestigios de imposición y vínculo. Actualmente, en nuestro país, los escenarios no parecen represivos, al menos de entrada. Ahora bien, tenemos unas situaciones y unos sistemas «exteriores» que nos crean muchas dependencias, limitaciones o simplemente exclusiones. En efecto, el consumismo, las modas, determinados grupos, la complejidad contemporánea, la pobreza, la globalización, la tecnologización, etc., generan situaciones muy potentes de obligaciones, determinaciones o imposibilidades.

La celebración del bicentenario del nacimiento de san Juan Bosco y su gran obra educativa nos ayuda a recordar y actualizar la importancia que tiene la transformación del ambiente ya que este es clave tanto para favorecer la disminución del impacto negativo y generar una realidad positiva como, también, para cambiar las situaciones y los hechos objetivos. Pero lo nuclear del sistema de Don Bosco es la pràctica del crecimiento humano desde el interior a partir de tres ejes que hoy podríamos traducir por «corazón», «racionalidad» y «espiritualidad». Estos tres ejes junto con la formación integral son elementos esenciales que nunca podemos olvidar en un contexto contemporáneo lleno del ruido de sombras y, al mismo tiempo, brotadores de esperanzas. Visto así, todo lo que nos rodea también supone una gran oportunidad para contemplar, interrogar,disfrutar, aprender o dialogar. Crecer y ayudar a crecer es una aventura proporcionalmente apasionante a la intencionalidad humanizadora.