Vamos por partes (2)

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Tal como os prometimos, continuamos la serie de artículos dedicada a las partes de la Eucaristía. Siguiendo por donde lo dejamos la semana anterior, hoy terminaremos los Ritos iniciales: el acto penitencial, el Gloria y la oración colecta.

El acto penitencial

El acto penitencial no es un examen de conciencia. Es un momento de silencio, de preparación y de reconocimiento de la salvación de Dios.

Se inicia con una monición del presidente que normalmente estará relacionada con la monición de entrada, como una conclusión. Luego viene un momento de silencio, que debe notarse como tal: los asistentes deben darse cuenta de que están haciendo silencio, para poder situarse verdaderamente ante Dios.

Luego viene la expresión comunitaria de la penitencia. La fórmula más conocida y habitual es la de las invocaciones acompañadas del «Señor ten piedad». El acto penitencial termina con una oración conclusiva que resume la petición de perdón de la asamblea.

Hay que estar atentos, ya que el acto penitencial tiene diversas fórmulas, algunas más adecuadas que las demás dependiendo del tiempo litúrgico; o incluso se puede llegar a suprimir si el tiempo lo requiere.

El Gloria

Este himno de alabanza, alegre y festivo, queda muy desdibujado en la mayoría de celebraciones. Sobre todo porque, al no cantarse, pierde buena parte de su sentido.

El himno lo puede entonar el presidente, el director de cantos, un grupo de cantores, o toda la asamblea. Asimismo, lo pueden cantar todos juntos, o alternando la asamblea con un grupo de cantores. Si no se puede cantar, habría que encontrar la manera para que no fuera un simple recitado sin gracia. En algún caso, finalmente, sería adecuado usar el Gloria como canto de entrada.

Sobre todo en tiempo de Navidad debe procurarse que este himno adquiera el suficiente relieve.

La oración colecta

Es la primera oración que la comunidad congregada realiza como tal (collecta, en latín, significa reunida, congregada). La comunidad que ha ido entrando en el clima de celebración, concluye y culmina esta entrada orando unida, con las palabras de quien la preside. Esta oración debe decirse de modo relevante, de manera que la asamblea se pueda unir y la pueda hacer suya.

El presidente empieza invitando a la asamblea a la oración con la breve monición «Oremos». Después se deja un breve espacio de silencio, para que todos puedan ponerse en situación de plegaria. A continuación, el presidente recita –y recitar es algo más que leer– la oración, que termina con la conclusión larga. Esta conclusión larga presenta la mediación de Jesucristo y la comunión en el Espíritu, no solo respecto a lo que se ha pedido, sino al conjunto de la celebración. La asamblea responde a la oración con su «Amén».

Y hasta aquí los ritos iniciales, la próxima semana empezaremos la Liturgia de la Palabra. Como siempre, encontraréis los materiales utilizados para preparar este artículo en el apartado «Per saber-ne més».