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Siempre me ha sorprendido la gran variedad de cafés que tenemos, cafés para todos los gustos: café solo, café con leche, cortado, con hielo, con azúcar, sin azúcar, con sacarina, el carajillo para los más traviesos…

Y es que el café forma parte del día a día de muchas personas: el café a primera hora de la mañana para empezar el día con energía, a media mañana para descansar entre reunión y reunión en la oficina, el de después de comer mientras se hace una pequeña sobremesa con los compañeros del trabajo, o el café que se toma con los amigos para charlar y saber cómo les va la vida.

No es un pastel de cumpleaños ni una copa de champán, que solo se toman en ocasiones especiales, sino que, más bien, el café es una buena representación de la cotidianidad de gran parte de la población.

El café de la liturgia

Hasta ahora, en el blog, hemos hablado de un tiempo muy especial, de un tiempo de fiesta, la Pascua, que fácilmente se podría representar con un pastel de esos que no se comen todos los días. Y todos sabemos que después de la gran celebración tenemos que regresar a la vida cotidiana, al café de cada día.

En el año litúrgico, esta cotidianidad queda plasmada en lo que se llama «tiempo ordinario». No es Adviento, ni Navidad, ni Cuaresma, ni Pascua. Y visto así podría parecer un tiempo donde no hay nada que celebrar.

Pero no nos equivoquemos, el tiempo ordinario tiene que servir para profundizar en la fe más cotidiana y que la Cumbre se acerque cada día. Y esto se puede hacer de dos maneras muy sencillas: primero, preparando bien nuestras celebraciones litúrgicas y participando en ellas; y segundo, dando un buen testimonio como cristianos en la calle, a pesar de que la rutina nos agobie.

El domingo día 9 de junio será Pentecostés, este día marca el final del Tiempo de Pascua y la continuación del tiempo ordinario, que terminará a finales de noviembre. Las siguientes entradas las dedicaremos a esta parte más cotidiana pero a la vez tan importante de la liturgia: preparar bien las celebraciones, cuidar a nuestra comunidad y ser testigos de fe en nuestro día a día.

Así pues, ¿queréis hacer un café con nosotros?

Maria Guarch