¡Que siga la fiesta!

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¿Qué fiesta?

No, no es que hayamos ido de fiesta y no os avisáramos. Nos estamos refiriendo a una fiesta donde todo el mundo estaba invitado y, de hecho, hemos hablado de ella en anteriores ocasiones.

Sí, nos referimos a la Pascua. En una de los primeros posts del blog hablábamos de la Octava pascual, la primera etapa de este tiempo litúrgico, y de cómo esos días representan de alguna manera una extensión del Domingo de Pascua, una gran fiesta. Pues bien, esta semana hablaremos de la segunda etapa de la Pascua.

Las cinco semanas centrales

Después de la Octava vienen cinco semanas que comprenden desde el lunes de la segunda semana de Pascua, hasta la Ascensión, es decir: este año 2019 las cinco semanas empezaron el día 29 de abril y terminarán el día 1 de junio, porque el 2 ya es la Ascensión.

Durante este tiempo, los días feriales se leen los Hechos de los Apóstoles en la primera lectura, mientras que en el evangelio seguimos varios capítulos de Juan que nos ayudan a vivir más el significado de la nueva vida de Jesús.

Los Domingos, en la primera lectura leemos fragmentos de los Hechos de los Apóstoles que nos muestran los principales momentos de la predicación de los apóstoles y el crecimiento de la Iglesia. En el evangelio leemos fragmentos que nos muestran a Jesús en diferentes momentos: algunas apariciones de Jesús resucitado; Jesús como Buen Pastor; y varios fragmentos del discurso de la Santa Cena.

La Pascua en la vida

Las lecturas en las celebraciones litúrgicas no son en vano, sino que muestran qué significa vivir unidos a Jesús. Así pues, durante estas semanas debemos reafirmar nuestro compromiso con nuestra comunidad cristiana, la Iglesia; pero también con aquellas personas que encontramos en diferentes ámbitos de nuestra vida: familia, amigos, compañeros del trabajo, vecinos del pueblo o barrio. Es el momento de acercarles la alegría, el perdón y la paz que hemos recibido.

La Pascua se tiene que notar en las celebraciones, pero no termina cuando cruzamos el umbral de nuestra parroquia o comunidad, sino que se tiene que notar en nuestro día a día: ¡que siga la fiesta!