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Hace unos meses, visitando a una parte de la familia, nos regalaron un brote de una planta que nos gustaba mucho. Cuando llegamos a nuestro piso lo pusimos en una maceta con tierra y lo hemos cuidado cada día desde entonces. Teniendo en cuenta mi poca habilidad para el cuidado de las plantas, me parece un milagro que haya echado raíces y que haya crecido como lo ha hecho. El problema es que por vacaciones nos marcharemos unos días, así que… ¿quién regará la planta cuando no estemos?

Estoy segura de que Jesucristo en algún momento se preguntó algo similar. Me explicaré, no quiero decir que se preocupara por una plantita en una maceta de su piso de Barcelona durante las vacaciones; me refiero a la preocupación por aquellas pequeñas semillas que sembró. Como ya hemos visto, el único sacramento que él directamente instituyó es la Eucaristía, así pues ¿de dónde ha salido el resto? ¿Quién se encargó de tomar todo lo que nos había dejado y convertirlo en la Tradición que tenemos actualmente?

Seguro que en ese proceso intervino mucha gente, en este caso queremos centrarnos en los Padres de la Iglesia. Pero, ¿quiénes eran? Para empezar a profundizar en ellos dejamos una pequeña introducción escrita por Joan Torra, patrólogo y miembro del Centre de Pastoral Litúrgica. (Maria Guarch)

Padres de la Iglesia

Desde nuestra perspectiva actual es normal que miremos a los autores cristianos que nos han precedido. Cuando lo hacemos nos damos cuenta de que, desde la vida cristiana de hoy, somos hijos suyos. Es verdad. Ellos son los que tuvieron que hacer las primeras reflexiones cristianas, las primeras catequesis, las primeras homilías, los primeros trabajos de estudio de la Escritura, las primeras celebraciones cristianas de los sacramentos, las primeras exposiciones teológicas para un mundo que era diferente del de Jesús, por tanto, la primera reflexión filosófica, con el lenguaje y la cultura de su mundo, la primera reflexión sobre qué papel tenían que jugar en la vida del mundo, etc.

No es necesario que lo inventemos todo de nuevo en cada generación. Lo que ellos hicieron para transmitir el mensaje esencial de Jesucristo en su momento, termina siendo el modelo de lo que nos corresponde hacer en cada momento de la historia. Y ellos normalmente no lo hicieron llevando a cabo una investigación académica, sino que lo hicieron desde la vida práctica de la Iglesia, es decir, desde aquella actividad que hoy llamamos pastoral. Toda su reflexión derivaba de la misma vida de la Iglesia. Partía de la praxis, de la necesidad de reflexionar sobre lo que estaban enseñando, celebrando, viviendo con sus comunidades. Ellos normalmente fueron pastores en la Iglesia.

Por todo ello, sobre todo a aquellos primeros, los llamamos Padres. Pero no solo porque fueron los primeros en orden cronológico. Llamamos Padres a los que realmente tuvieron que crear teología, es decir, tuvieron que engendrarla. No podían recurrir a buscar qué es lo que se había dicho antes que ellos. Solo podían ir a los textos que habían dejado escritos durante la época apostólica. Pero incluso en eso fueron ellos, los Padres, los que tuvieron que decidir qué textos trasmitían en realidad el mensaje de Jesús y cuáles no y, por tanto, cuáles podían formar parte de la Escritura con un Testamento que llamarían Nuevo, y cuáles no. Ya se ve que en todo ello se dio una gran labor de discernimiento y de acción del Espíritu Santo en ellos, claro está.

Con el paso del tiempo llegará un momento en el que los autores cristianos ya tendrán suficiente cantidad de historia y, por tanto, de reflexión teológica a sus espaldas, y empezarán a recurrir a lo que los anteriores habían dicho y a citarlos como autoridad. Grosso modo, cuando esto sucede se deja de ser “padre” para pasar a la categoría de “hijo”. Los Padres son los verdaderamente creadores, empezando de cero. Después de ellos se tendrá que seguir creando teología y pensamiento en cada momento, pero se poseerá ya un gran bagaje que  procederá inicialmente de su reflexión.

Joan Torra