Desde el agradecimiento

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En el post anterior, hicimos una pequeña aproximación a la Liturgia de la Eucaristía, si no lo habéis leído, os invitamos a consultarlo. En el artículo de hoy nos centraremos en el origen de la plegaria eucarística e introduciremos sus partes.

Origen

La plegaria eucarística cristiana tiene su origen en la oración de bendición de los judíos. El pueblo de Israel es un pueblo que sabe rezar, y lo hace ante todo expresando su alabanza y gratitud a Dios, antes de pasar a la oración de petición y súplica.

Es la clase de oración que la primera comunidad heredó, que llenó de contenido cristiano, y que fue evolucionando hasta llegar, ya en los primeros siglos, a la formulación que ahora nosotros utilizamos.

Las partes

Nuestra plegaria tiene cuatro partes:

La acción de gracias: Dirigida a Dios Padre por como ha llevado y sigue llevando la Historia de nuestra Salvación.

La doble invocación del Espíritu Santo: La primera para que convierta los dones de pan y vino en el Cuerpo y Sangre de Cristo, y la segunda para que transforme a los que van a comulgar en el Cuerpo eclesial de Cristo.

Memoria y ofrecimiento: La memoria de Cristo Jesús y el ofrecimiento de su entrega pascual.

Comunión: Y finalmente la oración de comunión con la Iglesia: con los bienaventurados, con los difuntos y con todas las comunidades locales.

Se ve en seguida que es una oración trinitaria: alabamos al Padre, hacemos memoria y ofrenda del sacrificio pascual de Cristo, e invocamos a Dios para que el Espíritu actúe hoy sobre nuestra celebración. Y luego expresamos nuestra comunión con la Iglesia, la comunidad de ese Dios Trino.

Acción de gracias

La primera parte de la plegaria es la acción de gracias. Ya lo anuncia el sacerdote en el diálogo introductorio: «Demos gracias al Señor nuestro Dios», a lo que la comunidad responde: «Es justo y necesario». Esta primera parte se llama prefacio y acaba con el canto del Santo por parte de la comunidad: «Santo es el Señor... llenos están los cielos y la tierra de tu gloria... bendito el que viene en nombre del Señor».

Los cristianos alabamos a Dios de muchas maneras. Pero nuestra más expresiva oración de acción de gracias es la plegaria eucarística. Mientras la proclama el sacerdote: estamos atentos a lo que él va diciendo en nombre nuestro; sintonizamos con sus palabras: hacemos nuestra su acción de gracias; el sacerdote es nuestro portavoz, pero todos damos gracias a Dios, y además participamos activamente con las aclamaciones, sobre todo el Santo y el Amén final.

La actitud primera del cristiano cara a Dios es la de la alabanza y la gratitud. Es nuestra oración más fina. No solo nos acordamos de él para pedirle (que también es legítimo y lo hacemos muchas veces), sino ante todo para alabar su grandeza, expresarle nuestra admiración y darle gracias por su inmensa bondad. A las personas que nos hacen un favor les damos gracias. Es de bien nacidos el ser agradecidos. A Dios, mucho más.