Pequeñas semillas digitales

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Ahora que iniciamos la recta final del 2020, llega el momento de hacer una relectura del año. He vivido grandes cambios: piso nuevo, nuevas responsabilidades, iniciar un proceso de duelo, la pandemia inesperada, la adaptación al teletrabajo y a nuevas metodologías… Pero también he vivido pequeños cambios que me han marcado mucho, empezando por el hecho de que he cumplido 30 años (¡último año de Carné Joven!) y terminando con el aumento exponencial de las veces que me dicen: “¡Cuantas canas tienes!”. Es decir que, inevitablemente, me hago mayor.

Que mi cabello pase de castaño oscuro a gris no me da miedo ni me molesta. Pero me sorprende mi cambio de actitud hacia lo nuevo, sobre todo hacia ciertas redes sociales y aplicaciones de móvil, más en concreto hacia Tiktok.

Tiktok es una aplicación en funcionamiento desde 2016, donde los usuarios pueden subir videos de pocos segundos, y de temática diversa. Según las estadísticas, los usuarios más activos tienen entre 13 y 18 años. Desde mi recelosa mirada, pensaba que solo encontraría videos de animales de compañía y de gente haciendo bromas, bailando o haciendo playback con la última novedad musical. En definitiva, no me interesaba… hasta hace poco.

¿A qué se debe este cambio? Al hecho de que mi hermano (usuario habitual de esta aplicación y más joven que yo) me envió un video de Tiktok con contenido litúrgico. El video en cuestión está en inglés, usa el lenguaje visual típico de esta aplicación sin llegar a ser ridículo, y muestra en diez segundos aproximadamente cuáles son los tiempos litúrgicos y sus colores correspondientes. (Podéis ver el video aquí).

Poco a poco he descubierto más videos interesantes y de contenido religioso muy digno, que me han sorprendido gratamente y que, a juzgar por sus “likes” y comentarios, son bien recibidos.

Es verdad que, teniendo en cuenta la gran cantidad de usuarios, la presencia de contenido explícitamente religioso es más bien anecdótica. Y con esto tampoco pretendo que ahora toda la Iglesia se haga “tiktoker”, que pasemos a ser una comunidad digital, o que empecemos a crear contenidos sin ton ni son. La experiencia durante el confinamiento ha hecho que nos cuestionemos su uso y ha acentuado la necesidad de actuar con criterio.

Ahora bien, no podemos olvidar que estas plataformas digitales y redes sociales nacieron principalmente para establecer fácilmente un diálogo con los demás sorteando todo tipo de barreras (sobre todo geográficas y de idioma). En youtube y twitter hay muchas personas que han conseguido establecer este diálogo inicial sorteando una de las barreras más importantes, la edad. Lo mismo que empieza a pasar en Tiktok.

Celebro dejar atrás mis recelos iniciales y el descubrimiento de estas pequeñas semillas digitales. Algunas no arraigaran, pero seguro que muchas otras darán fruto.

Maria Guarch