La parroquia, lugar de acogida, especialmente los pobres

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La clave de interpretación

Uno de los servicios más comunes que se nos pide a los sacerdotes es acompañar la oración por un difunto. De entre las oraciones que la liturgia nos propone hay una que siempre me ha causado una profunda impresión; al final de todo, significando el último viaje hacia la casa del Padre, la oración dice así:

Al paraíso te lleven los ángeles, a tu llegada te reciban los mártires y te introduzcan en la ciudad santa de Jerusalén. El coro de los ángeles te reciba, y junto con Lázaro, pobre en esta vida, tengas descanso eterno.

Quisiera destacar que en un momento tan significativo, las acciones que se destaquen sean: acogida, recibimiento, introducir... Como si esto hubiera de ser una clave de interpretación de lo que toda vida aspira a ser.

Y todavía más, la mención especial a “Lázaro, pobre en esta vida”, aquel de la parábola de Lucas (Lucas 16,19-31) que en vida malvivía, ignorado por el vecino rico y que en la muerte es acogido en el seno de Abrahán. La liturgia propone que Lázaro, el pobre, sea también de los que reciben a los difuntos; seremos acogidos por aquellos que, en vida, hemos acogido también. Los pobres nos acogerán.

Pistas para ser comunidades de acogida

A partir de aquí encuentro que hay unas pistas para mirar nuestras parroquias como comunidades de acogida. Sabemos que en estos últimos años el papa Francisco ha insistido mucho en consignas como “Iglesia en salida” u “hospital de campaña”. En su carta-programa Evangelii Gaudium 27 hay un resumen de esta intención: “Sueño con una opción misionera capaz de transformarlo todo, para que las costumbres, los estilos, los horarios, el lenguaje y toda estructura eclesial se convierta en un cauce adecuado para la evangelización del mundo actual más que para la autopreservación...”.

La primera condición para ser expansivos y abiertos es ser acogedores. Abrir realmente las puertas y estar dispuestos a esta transformación de costumbres, estilos, horarios, lenguaje... el Papa dice: toda estructura eclesial. Muchas parroquias históricamente han hecho esta función; presencia, puertas abiertas, centralidad incluso geográfica o urbanística. Hacían posible ser un espacio de acogida, de conexión, de crecimiento para muchas personas. En el campo concreto de la pobreza, Cáritas y muchas otras instituciones nos han enseñado a pasar de la relación de ayuda, de la beneficencia, a la relación de promoción personal.

Asegurar la relación personal

Pero hoy muchas cosas cambian y hay que estar atentos. Algunos servicios básicos son atendidos por las administraciones, pero la acogida y la relación personal, el promover e integrar, no están asegurados. La disminución del número de sacerdotes y también de laicos y laicas que pueden asumir tareas de acogida, de servicio, hace que tengamos la tentación de asegurar solo un funcionamiento básico, que la maquinaria funcione.

Pero la gracia de la comunidad es la relación personal, las manifestaciones de acogida, la empatía y la disposición a hacer camino juntos. Y esto pide tiempo e ingenio para hacerlo realmente operativo en las actuales circunstancias. Laicos y presbíteros, juntos, tenemos que dar los pasos concretos para que este deseo permanente se vaya concretando en el día a día.

Escrito por Josep Maria Domingo y publicado en Galilea.13 número 11.