Palmo a palmo (2)

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Continuamos la serie de artículos dedicados a las partes de la Eucaristía. La semana pasada hablamos del significado de la Liturgia de la Palabra, hoy seguimos con esta parte tan importante de la celebración y nos centraremos en las moniciones, las lecturas y el salmo.

Unas consideraciones previas

Después de la oración colecta, todos se sientan. Empieza entonces la Liturgia de la Palabra. Empieza con una monición introductoria o, si no la hay, con la primera lectura. Pero en todo caso, lo importante es no empezar hasta que no se haya creado un clima de tranquilidad, de silencio, de atención. Que no se oigan ya ruidos. Una pequeña pausa de silencio una vez todos se hayan sentado crea la sensación de expectación necesaria para que quede resaltado lo que se leerá.

Las moniciones

Son un elemento auxiliar de la Liturgia de la Palabra, destinado a facilitar la mejor captación de las lecturas, a suscitar los sentimientos con que es necesario unirse a las palabras del salmo, a ligar los diversos elementos. Según el tipo de lecturas y de asistentes, las moniciones podrán ser solo una al principio, o una para cada lectura y el salmo, o solo para las dos primeras lecturas, o ninguna.

Las moniciones de las lecturas han de ser sugerentes, han de «abrir el apetito» respecto a lo que se oirá a continuación. No han de ser, pues, ni un resumen de lo que a continuación se leerá, ni una pequeña homilía. También, en lecturas que tienen alguna dificultad de comprensión, la monición puede ofrecer alguna explicación que ayude a entenderla mejor.

La monición del salmo, por el contrario, quiere ayudar a despertar los sentimientos de oración que el salmo contiene, vinculados normalmente con la primera lectura.

Y la monición del evangelio (que se leerá, si se juzga oportuno hacerla, siempre antes del aleluya o la aclamación cuaresmal al evangelio, no después) tendrá normalmente el objetivo de disponer a los oyentes a acoger aquella Palabra que hace resonar especialmente la voz de Jesucristo en medio de la asamblea.

Las lecturas

El ministerio de lector es un servicio importante dentro de la asamblea. Quienes lo hacen han de ser conscientes de ello y prepararse de modo que la Palabra de Dios sea proclamada con la intensidad que le corresponde. Para ayudar a promover un equipo de buenos lectores, sería necesario organizar de vez en cuando algunas sesiones de preparación de los que habitualmente leen en las celebraciones: para leer con seguridad y sin miedo, para leer sin prisas, para saberse situar ante el micrófono, para aprender a vocalizar, etc. Convendría hacerlo en la misma iglesia, en el propio lugar de las lecturas.

La lectura empieza siempre con las palabras: «Lectura del libro del profeta N.», o «Lectura de la carta del apóstol N.». Al final se dice «Palabra de Dios». Es una expresión de aclamación que invita a la respuesta del pueblo: «Te alabamos, Señor». Hay que decirla, por tanto, mirando a los asistentes, tras una breve pausa después del final de la lectura. Y hay que evitar, asimismo, la costumbre que se ha extendido en algunos lugares de cambiar esta aclamación con una especie de fórmula explicativa: «Es palabra de Dios»: ¡no se trata de una explicación, sino de una aclamación!

El salmo

El salmo es un elemento lírico, de meditación, de respuesta del pueblo ante la Palabra de Dios. Es responder a Dios que nos habla, pero responder con palabras que vienen de la Escritura misma. Es recoger la tradición de oración del pueblo de Dios, la tradición de plegaria que viene de la inspiración divina. Es vincularse a la amplia corriente de sentimientos de alabanza, de arrepentimiento, de acción de gracias, de petición, de donde ha surgido la fe de la Iglesia.

La manera mejor de proclamar el salmo es que un cantor cante los versículos y el pueblo responda con la antífona correspondiente, intercalada entre cada estrofa. Allí donde ello no sea posible, es decir, donde no haya alguien que sepa cantar bien, convendría por lo menos hacerlo así, en las fiestas más importantes: así se crea un clima de oración, de contemplación.