La Liturgia de las horas, ¿de dónde viene? (1)

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Antecedentes en el judaísmo

La más completa documentación se encuentra en la Mishná, código rabínico compilado hacia el año 200 de la era cristiana, particularmente en el tratado de las bendiciones (Berakhot).

Según el tratado Berakhot IV,1 hay tres momentos de plegaria al día: la mañana –al nacer el día–, el mediodía y la tarde. De estas tres horas dos corresponden a los sacrificios llamados perpetuos, porque se ofrecían todos los días en el Templo de acuerdo con la prescripción de Nm 28,2-8. Es importante la asociación de la plegaria al sacrificio. Mientras en el Templo los sacerdotes oficiaban el rito sagrado con los que asistían al mismo, el pueblo se unía a él desde el lugar donde se encontrase.

La práctica de la oración en los tres momentos del día aparece recogida en el salmo 55,17-18. En el libro de Daniel se narra la costumbre de orar, tres veces al día, del joven profeta llevado a la corte, costumbre que no abandona a pesar de la prohibición del rey:

Cuando supo Daniel que había sido firmado el edicto, entró en su casa y, abiertas las ventanas de su cámara, que dan hacia la ciudad de Jerusalén, postrábase de rodillas tres veces al día y oraba, confesando a su Dios, como solía hacerlo antes (Dn 6,10).

Por los manuscritos descubiertos en el mar Muerto se sabe también que las comunidades sacerdotales que habitaban aquella zona practicaban la plegaria matinal y vespertina. Hasta nosotros han llegado fragmentos de plegarias y numerosos himnos, cuya datación los sitúa en fechas anteriores al año 63 antes de Jesucristo. La costumbre de orar estas dos veces al día era, por tanto, una realidad ampliamente extendida en la época de Jesús. Núcleo de esta doble plegaria era el Shemá, conocido también como el credo israelita.

El Shemá es la recitación del texto de Dt 6,4-9, al que se une, al menos desde el siglo ii antes de Cristo, Dt 11,13-21 y Nm 15,37-41. No es una mera plegaria, pues no hay petición, sino un acto de fe y de reconocimiento al Dios salvador que se ha manifestado en los acontecimientos de la historia. Es un texto reflexivo, rememorativo y actualizador de la bondad divina para con su pueblo y de la necesidad de que este se mantenga fiel a la alianza. No es exagerado decir que el Shemá es la oración más querida de los fieles judíos, la más frecuente y la más celebrada, puesto que contiene la gran confesión del Señor como el único Dios y se centra en el acontecimiento pascual de la liberación del éxodo.

La Mishná fijó con todo detalle los momentos de la recitación del Shemá, así como el de la recitación de la Tephillah, la «plegaria» por excelencia. Si la oración de levantarse y de acostarse, oración matutina y vespertina, era el Shemá, la Tephillah será la plegaria del mediodía.

Fragmentos del libro Liturgia de las Horas: la oración del pueblo cristiano de Julián López