La Eucaristía nos envía

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El artículo de hoy lo dedicamos a la comunión y a sus ritos de preparación y a la conclusión. Con este artículo terminamos la serie sobre las partes de la Eucaristía. Si queréis acceder a los anteriores artículos de esta misma serie, lo podéis hacer clicando aquí.

Nos preparamos para la comunión

Toda la celebración eucarística conduce hacia este último momento: participar de la mesa preparada, alimentarse del cuerpo y la sangre de Jesucristo. Es el banquete pascual, al que está invitada toda la Iglesia. Tres ritos preparan y conducen a esta participación en el banquete.

  1. El padrenuestro: la oración del Señor, la oración de los hijos al Padre, retoma, por una parte, todo el sentido de la plegaria eucarística, convirtiendo en petición lo que la Eucaristía actualiza y hace presente. Y por otra, manifiesta el anhelo de todo lo que se nos dará sacramentalmente en la comunión: el pan de este mundo y el pan de vida, el Reino, el perdón de Dios, la capacidad de perdonarnos mutuamente, la liberación del mal.
  2. El gesto de paz: En un mundo dividido y en una Iglesia que vive en su interior también estas mismas divisiones, hacer el gesto de paz no tiene solo un sentido de reconciliación individual, sino también colectivo: afirmamos que estas divisiones serán superadas, afirmamos que sacramentalmente ya lo están, y afirmamos que queremos luchar para que se superen (es decir, luchar para que haya igualdad en la sociedad y en la Iglesia, para que no haya enemistades por razón de raza o cultura, etc.).
  3. La fracción del pan: El sentido del gesto es suficientemente claro y por ello valdría la pena potenciarlo: del único pan que es Jesucristo, participa toda la asamblea, de manera que toda la asamblea no es ya una yuxtaposición de persones aisladas, sino una comunidad que participa de ese mismo alimento, que es el Señor

Comulgamos con el pan y el vino de vida

Después de estos ritos de preparación, llegamos al momento de la comunión. Procesionalmente, la asamblea se acerca a la mesa y el presidente de la celebración y sus ayudantes distribuyen el pan y el vino, en nombre de Jesucristo.

Terminada la comunión, todos se sientan y se hacen unos momentos de silencio. Un espacio de oración personal y de relajación después de la intensidad de la comunión.

Y todo este rito se concluirá con la oración después de la comunión. El sentido de la oración poscomunión es, siempre y de diferentes maneras, recordar agradecidamente el alimento recibido, y pedir que su acción continúe en nosotros.

La conclusión que nos envía

La bendición el acto central de la despedida, al que debe darse el suficiente relieve, de manera que la asamblea se sienta enviada a continuar cada día aquello que aquí se ha celebrado, con la fuerza de la Trinidad.

A continuación viene la despedida. Son las palabras finales, que contienen con la máxima sencillez las verdades más definitivas: el deseo de paz, que es el bien escatológico por excelencia, y la respuesta de acción de gracias a Dios por este don.

Es un momento breve y sencillo, pero también un momento intenso: la asamblea reunida se dispersa, el celebrante invoca sobre ella la fuerza y la bendición de Dios para que lo que se ha celebrado continúe en ella, la asamblea se dispone a continuar la fiesta del domingo y la vida cotidiana habitual con la gracia y la paz del Señor

La Eucaristía nos envía a ser testigos del amor de Dios