En formación permanente

Voleu rebre les notícies?

Subscriviu-vos al butlletí gratuït

En la última década el concepto «formación permanente» se ha introducido en el mundo laboral con mucha fuerza. Hace referencia a la necesidad de que los trabajadores estén en constante formación para aumentar sus competencias y adaptarse mejor a los cambios que el paso del tiempo y la innovación tecnológica conllevan inevitablemente. También se puede aplicar a aquellas personas que por propia voluntad o por curiosidad personal deciden profundizar en algún aspecto concreto.

Los equipos docentes de los colegios e institutos hace años que dedican unas horas a formarse para estar al día de las novedades pedagógicas. Algunas empresas dedican partidas de sus presupuestos a cursos para los trabajadores que estén interesados. La demanda de formación online ha crecido para dar respuesta a aquellas personas que por diferentes motivos no pueden ir presencialmente a la universidad. La edad no es una excusa, ya que si se es mayor de 55 años ¡se puede ir a la universidad de la experiencia!

Y, si todo lo anterior falla, no hay que preocuparse, porque youtube está lleno de tutoriales en cualquier lengua y sobre cualquier cosa.

Formación en las comunidades cristianas

A pesar de que en el mundo laboral este concepto es relativamente nuevo, en la Iglesia hace tiempo que existe esta preocupación. De hecho solo hay que consultar el decreto Apostolicam Actuositatem, que dedica todo el capítulo VI a la necesidad de formación del apostolado (recordemos que apóstoles somos todos los bautizados); o el decreto Optatam Totius, centrado en la formación sacerdotal, que en el número 22 remarca la necesidad de formación sacerdotal incluso después de terminar los estudios en el seminario. Ambos documentos son fruto del Concilio Vaticano II.

Sabemos que esta preocupación existe, sin embargo, ¿la tenemos presente? ¿Qué medios podemos para ello?

Los medios

Quizá el concepto asusta un poco, pero la verdad es que tenemos muchos medios a nuestro alcance para adaptarnos a las necesidades personales y de las comunidades.

Tenemos las Facultades de Teología, los institutos de ciencias religiosas, los movimientos de Acción Católica siempre hacen jornadas de formación abiertas a todos, algunas parroquias tienen grupos de Lectio Divina para profundizar en los textos…

Pero si todo lo anterior parece demasiado complicado, podemos empezar por lo más sencillo y cercano, por lo que todas las comunidades hacen como mínimo una vez a la semana: la celebración de los sacramentos.

Y es que no debemos ignorar el potencial formativo que tiene la preparación de un sacramento. A menudo la preparación de la Eucaristía queda reducida a un mero reparto de tareas. Si, en vez de dedicar cinco minutos a «tú haz esto, que yo haré lo otro», dedicamos una hora a hablar de ello ganaremos en el saber de la comunidad y en dignidad de la celebración. Podemos estar un rato hablando de los textos que se leerán, entenderlos en su contexto, ver qué han dicho de ellos los Padres de la Iglesia; podemos repasar las partes de la Eucaristía, ¿por qué son así?; otro día podemos centrarnos exclusivamente en los lectores, etc.

Como podéis ver, medios y maneras hay muchas, solo hay que dedicarle un poco más de tiempo a buscarlos y ver qué se adapta mejor a la comunidad.

Y si no, siempre nos quedará youtube.

Maria Guarch