Una Cuaresma muy especial

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En el post de hoy dejamos un artículo escrito por Xavier Aymerich (director de Misa Dominical) y publicado en el semanario 3devuit el día 22 de marzo de 2020.

La de este año 2020 se podría llamar “la Cuaresma del coronavirus”, que nos ha dejado confinados en nuestros hogares, sin misas ni vía crucis ni conferencias ni celebraciones penitenciales. Aunque curiosamente, sin quererlo y a la fuerza, estamos en una “cuarentena” que también es una Cuaresma (al fin y al cabo todo viene del mismo número). Fijémonos en ello. La Cuaresma invita a un tiempo de receso, de receso, de recogimiento, de austeridad, a renunciar (ayunar) a ciertas cosas y hábitos que habitualmente tenemos y que no son necesarios; y en cambio invita a fijarnos en la dimensión interior, la reflexión, la formación… Todo esto lo hacemos durante estos días. Y todavía más: la humildad de darnos cuenta de que somos pequeños, porque pensamos que podemos con todo y en realidad todo se nos escapa de las manos (“Recuerda que eres polvo y al polvo volverás”); la ocasión de valorar más las pequeñas cosas que habitualmente tenemos y que ahora echamos de menos; la necesidad de reflexionar sobre lo que es esencial para la vida, el significado de todo, por encima de las cosas superficiales que a menudo nos tienen agarrados… Y también la oportunidad de potenciar la dimensión espiritual, que los que somos creyentes llamamos oración: sí, orar un poco más, dando gracias por lo que tenemos y poniéndonos confiadamente en las manos de Dios, el Padre del amor y de la vida. Momento de recordar y orar por los enfermos y afectados por la pandemia, por todo el personal médico y de enfermería, porque se encuentre pronto la solución para combatir este mal, porque el Señor nos libre del miedo y nos infunda serenidad y esperanza… Sabiendo que después de la Cuaresma viene la Pascua, que después de Viernes Santo viene el Domingo de la Resurrección; y que todos compartimos con Jesús la experiencia del dolor, la cruz, la pasión y la muerte, aunque después también compartiremos con Él la resurrección y la vida. Pasará la Cuaresma, la cuarentena, el confinamiento, la crisis… y vendrá la Pascua, más florida y granada que nunca. Y todos, como cada año en este tiempo litúrgico, saldremos renovados y reforzados, mejorados, cantando alegres el Aleluya pascual.