Ars celebrandi

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La Cuaresma es un tiempo de preparación para la Pascua. Por eso, la pregunta que tenemos que hacernos en el momento de pensar la Cuaresma es: ¿cómo procuraré yo, y mi comunidad, que la celebración de la Pascua de este año sea verdadera? Para ayudar a responder a esta pregunta, dejamos un artículo escrito por Natàlia Aldana y publicado en el número 12 de Galilea.153, junto a unas pistas para trabajar individualmente o en grupo en la parroquia.

Celebrar y vivir la liturgia es un arte

A veces podemos relacionar la liturgia con un conjunto de cosas que hay que hacer, o unas rúbricas por cumplir, o con participar de una determinada manera en una celebración, asintiendo a todo aquello que va recitando el sacerdote… Pero la liturgia va mucho más allá.

De la misma manera que cuando contemplamos un cuadro o escuchamos una pieza musical, si la observamos detenidamente, descubrimos una serie de formas y armonías que la hacen atrayente e incluso llegan a tocar nuestro corazón, así sucede también con la liturgia.

El objetivo de la liturgia es facilitar el encuentro de la persona con Dios, y esto a través de los sacramentos, de la Eucaristía, de la Palabra, de las diversas celebraciones que nos unen, en comunidad, como Pueblo de Dios, ante su presencia. Y cuando analizamos estos momentos también encontramos a Dios, a Él que es la máxima Belleza.

Como hemos dicho, el ars celebrandi, la celebración litúrgica, no es un rito a cumplir o algo externo que no nos afecte. El ars celebrandi tiene un contenido muy claro e importante –el amor que Dios nos tiene manifestado en el misterio pascual de Jesús– y no podemos participar ni vivir una celebración olvidando esta realidad fundamental. Entonces sería un rito vacío y sin sentido. Celebramos lo que creemos y lo que creemos ¡es muy grande e importante!

La celebración litúrgica reclama nuestra participación activa interna y externa. Celebrar el misterio de Dios nos sitúa en una actitud de reverencia, de respeto, de veneración, de apertura y plegaria confiada… Y a la vez nos pide poner en juego todo nuestro ser, los cinco sentidos, nuestras capacidades. Y a través de cantos adecuados, de lecturas bien proclamadas, de gestos sencillos pero llenos de vida y contenido, de diálogos y silencios, de ritos y oraciones, acceder a este misterio de Dios que se nos revela, una vez más, de forma generosa y gratuita. El equipo de liturgia puede ser de una gran ayuda para preparar con mimo la celebración y facilitar esta armonía que nos ayuda a relacionarnos con Dios.

La belleza de la celebración litúrgica, participar en ella desde la realidad quizás humilde pero auténtica de nuestras comunidades y parroquias, ofreciendo lo que somos y tenemos a Dios con sinceridad de corazón, desde la alabanza y la acción de gracias, con sentido de fiesta y alegría por celebrar y actualizar la Pascua del Señor, en comunión con la asamblea celeste, es un arte, el arte de hacer presente y vivir ya aquí en la tierra aquello a lo que estamos llamados a vivir eternamente.

Para trabajar en grupo:

  • Nuestras celebraciones ¿nos ayudan a encontrar a Dios? ¿Por qué? ¿Qué podemos hacer para mejorar?
  • Nuestras celebraciones ¿expresan nuestra fe? (Por ejemplo, la celebración de la Eucaristía ¿manifiesta la alegría de sabernos pueblo redimido y amado por Dios en Jesús?) ¿Qué podemos hacer para que realmente manifiesten aquello que creemos?
  • Pensando en nuestra comunidad o parroquia en particular, ¿de qué manera podemos participar de forma activa y concreta en la celebración? ¿Quiero participar o prefiero no implicarme?