El canto como forma de participación

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Cuántas veces hemos dicho: este director de cantos lo hace con todo el amor pero ya debería dejarlo... O bien, con los cuatro gatos desafinados que éramos, hoy en misa más nos hubiera valido no cantar; o quizá también: ¡cómo nos han ayudado hoy los cantos de la Eucaristía a orar mejor!

La situación actual

La constitución Sacrosanctum Concilium, del Vaticano II, promueve «la participación activa de los fieles en la liturgia» e indica que se expresa de forma particular en « las aclamaciones del pueblo, las respuestas, la salmodia, las antífonas y los cantos (30). En Cataluña hay una gran tradición de canto litúrgico y después de 48 ediciones, los encuentros de animadores de canto para la liturgia que organiza la abadía de Montserrat siguen convocando y formando personas con vocación de acompañar a los miembros de la comunidad cristiana hacia el placer espiritual que significa cantar la misa (¡diferente de cantar en la misa!). A los 100 años de su nacimiento no podemos olvidar al P. Gregori Estrada, que impulsó y animó estos encuentros.

Por otra parte, la fidelidad a la realidad nos obliga a reconocer que el canto en la liturgia ha perdido fuerza. No escapa al envejecimiento de nuestras comunidades, a la disminución de asistentes a la Eucaristía, y a la dificultad para que cantos de valor litúrgico y eclesial sean medio de expresión de la fe de los muchos o pocos jóvenes que puedan participar en la Eucaristía de nuestras parroquias. Sin embargo, todos tenemos experiencia del plus de oración y de experiencia comunitaria que puede añadir un canto de calidad a las celebraciones de la Eucaristía.

Para pensar

Me atrevo a formular algunas propuestas para la reflexión de cara a abrir diálogo:

  • Cuando una comunidad no tiene una persona con un mínimo de formación musical y vocal que pueda animar con calidad la comunidad, la música grabada puede aportar un espacio de escucha y meditación que ayude más a la oración que un canto (por ejemplo durante la comunión o al final de la misma).
  • La repetición de antífonas, simples, meditativas –estilo Taizé– ayuda a entrar en el canto incluso a las comunidades con pocas posibilidades. Tal vez estaría bien encargar algunas composiciones simples a compositores de aquí que han hecho música religiosa de calidad, contemporáneas, y que tienen reconocimiento en el mundo musical.
  • Igual como tenemos un problema de lenguaje en la transmisión de la fe, lo tenemos en los textos de los cantos litúrgicos: a menudo lo que puede atraer a los jóvenes (cantos en inglés, o su traducción y adaptación al castellano, estilo Worship, Hillsong, etc.) tiene un lenguaje, y a menudo un contenido, más simple y emotivo.

A pesar de los retos, es preciso encontrar la forma de que la música y el canto sigan siendo un «intangible» que aumenta la participación de cada uno de los asistentes en la Eucaristía y que nos hace sentir más comunidad, más Iglesia que camina «alabando al Señor mientras vivamos, tañendo para nuestro Dios mientras existamos» (Salmo 145).

Artículo publicado en el número 5 de la revista Galilea.153, escrito por Cori Casanova, foniatra, profesora del ESMUC i la URL, miembro del Consejo de Galilea.153.