El belén, para vivir la Navidad

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El día viernes 13 de diciembre hicimos el belén del Centro de Pastoral Litúrgica. Lo ponemos al lado del mostrador, para que dé la bienvenida a todas las personas que nos visitan durante estas fechas, lo acompañamos de la Oración a Jesús ante el belén de Misa Dominical y de la misa diaria.

Más allá del carácter artístico y popular, el belén tiene toda una carga simbólica que es muy interesante comentar. Albert Dresaire lo explica muy bien en la introducción del libro El belén, para vivir la Navidad.

Transmitir mediante la imagen y el símbolo

El tema de las imágenes en el cristianismo no es un tema banal. La revelación se concreta muchas veces a partir de imágenes a diversos niveles. Con todo, las imágenes no son ni valores ni fines por sí mismas, sino que remiten siempre a lo trascendente, a lo que da sentido. Las imágenes tienen valor simbólico y el belén es muy rico en símbolos.

La propia escena del pesebre, vista globalmente, es la representación más clara de la presencia de Dios en el mundo: mientras que en un rincón nace Jesús, el Hijo de Dios, el resto de la actividad del pueblo no se para, el pescador sigue pescando, la lavandera sigue lavando. Qué imagen más precisa de cómo Dios se hace presente de forma sutil, de forma silenciosa y sin estridencias en el mundo de los hombres.

El Amor de Dios aparece en los sitios más olvidados

Con la imagen del niño Jesús se evidencia, más que en ningún otro lugar, la indefensión del amor de Dios que se hace presente de una manera muy suave, conquistando a la persona desde dentro y transformándola desde el interior.

El establo es el lugar del estiércol, de las humedades, de los hedores; allí donde nadie querría vivir. Dios escoge un establo para nacer. De una manera simbólica podríamos decir que el establo es el lugar donde se esconden los aspectos más impresentables de cada uno. No nos gusta reconocer este espacio en nosotros mismos y pensamos que son los demás los que tienen establo... Pero es aquí donde Dios escoge para nacer en nosotros; allí donde nos avergüenza más, donde más nos duele, el lugar que no querríamos que existiese, donde escondemos lo que nos da más miedo. Dios nace en nosotros en este lugar inmundo: no lo rechaza, sino que nos espera allí como un niño desvalido.

Todos los caminos nos llevan a… Jesús

El camino del belén siempre nos lleva a Jesús. A veces es un camino complicado, imposible, como el que hacemos recorrer a los Magos. A lo largo de este camino encontramos personajes con actitudes muy distintas: quien corre hasta el portal, quien se lo piensa un poco, quien no hace caso. Al mismo tiempo el camino es un lugar de encuentro. Cuando hacemos el belén podemos aprovechar todos estos aspectos: a quién ponemos en el camino, en qué actitudes, ¿hacemos un camino llano o complicado?

El río ha sido siempre el símbolo del paso del tiempo y también un símbolo de purificación. En el belén el río actúa muchas veces como un divisor del espacio. A un lado está la actividad del pueblo: las huertas, la mujer que lava, el pescador; hay que atravesar el río para ir al encuentro de Jesús. Y si hay río, normalmente hay un puente, símbolo de la comunicación. ¡Cuántas veces en los relatos mitológicos el puente es un elemento imprescindible en la historia! El río y el puente en el belén pueden simbolizar la acción necesaria para ir al encuentro con Jesús: necesitamos ir al otro lado, y esto no se puede hacer de cualquier manera.

Todos los hombres somos como bueyes y asnos

El buey y la mula, como decíamos antes, son dos personajes que conocemos a partir de textos apócrifos y pueden considerarse como lo que une el Antiguo y el Nuevo Testamento en el suceso de la Navidad. En Isaías 1,3 leemos: “Conoce el buey a su dueño, y el asno el pesebre de su amo, pero en cambio a mí Israel no me conoce, mi pueblo me ignora”; esta frase se ha interpretado como una profecía del nuevo pueblo de Dios. Ante Dios, todos los hombres somos como bueyes y asnos. De hecho en representaciones medievales se les dibuja con rostros casi humanos y se inclinan ante el Niño como si comprendieran alguna cosa. Nosotros somos como bueyes y mulas ante el Eterno a los que se les abren los ojos en la noche de Navidad y reconocemos al Señor.

Hasta ahora hemos hablado de simbología, pero el belén también puede mostrar diferentes roles y actitudes. Hablaremos de esto en el artículo que publicaremos el día 26 de diciembre.

¡Así pues, Feliz Navidad!