Una atmósfera de oración

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Con motivo de los 50 años que ha cumplido la revista Misa Dominical en el año 2018, la colección Emaús recuperó los escritos de cuatro colaboradores significativos de la revista y los publicó en cuatro volúmenes.

En esta entrada del blog, os ofrecemos uno de estos escritos del obispo Pere Tena (fundador del CPL), publicado en el número 15 de la revista Misa Dominical del año 2008.

Una atmósfera de oración

Estoy de acuerdo en la dificultad de definir objetivamente qué significa y cuándo se da una atmósfera de oración en un lugar, sobre todo en una iglesia. Admito que puede haber factores subjetivos importantes en la definición. Aunque quizá no es tan difícil recoger testimonios sobre esta experiencia y discernir qué situaciones ciertamente no crean esta atmósfera. Quiero precisar que hablo de oración y no directamente de admiración estética. Aunque muchas veces pueden ir acompañadas, no siempre es así.

Una iglesia románica o gótica sin turistas, una liturgia bizantina, una celebración con canto gregoriano, una capilla silenciosa donde destaca la Reserva del Santísimo Sacramento, o una cruz, o una imagen venerada… Son ejemplos que se pueden tildar de románticos, pero que probablemente corresponden a experiencias personales. Hay lugares en los que esta atmósfera proviene del lugar mismo. San Pedro del Vaticano puede ser un ejemplo… según a qué horas del día.

Hay que distinguir entre admiración y oración

Las situaciones que no crean esta atmósfera han sido indicadas, en parte, en el párrafo anterior ¿Cómo puede haber atmósfera de oración en una iglesia okupada por grupos de turistas que provienen, con su guía parlanchín y armados» con sus cámaras fotográficas, del crucero de turno? Y, más domésticamente, ¿cómo puede ser una atmósfera de oración el bullicio de la preparación de una celebración de la confirmación, por ejemplo? ¿O la conversación animada de los feligreses antes y después de las celebraciones? ¿O la celebración con plegaria mecánica del sacerdote?

La atmósfera de oración se debe crear y preservar. Antes, durante y después de la celebración. Puede ser que a algunos no les moleste el barullo sonoro que, a veces, se produce por parte de los músicos; hay que distinguir, sin embargo, entre animación y oración. Como hay que distinguir entre admiración y oración. Una Iglesia barroca, pongamos el Gesú de Roma, suscita admiración, pero la atmósfera de oración se encuentra directamente en la misma iglesia, en la capilla del crucifijo, o en la Madonna della Strada. La oración enlaza con lo Invisible, y la atmósfera de plegaria se crea cuando lo Invisible se deja percibir de alguna manera.

Un marco de silencio

Los que frecuentamos la iglesia y de alguna manera cuidamos de ella –clérigos y laicos– tendríamos que esforzarnos en asegurar constantemente su calidad de atmósfera de oración. La liturgia de la dedicación de una iglesia repite constantemente que se trata de un lugar de oración. Un texto antiguo decía: "Locus iste sanctus est, in quo orat sacerdos" (Este lugar es santo, en él ora el sacerdote). El ars celebrandi pide un marco de silencio para que la mens –el espíritu– pueda estar a punto para concordar con la vox –los ritos y plegarias–.

Pere Tena