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Este sábado un grupo de unos 8 adultos, y un equivalente aproximado de niños, visitamos la nueva parroquia de San Antonio Mª Claret, en el Obispado de Sant Feliu de Llobregat, a raíz de la invitación que los autores, Jordi Coll y Joan Giribert , hicieron a los participantes del Seminario interno sobre Patrimonio Sacro de la Fundación Joan Maragall. Esta es la última parroquia que se ha consagrado este año en las diócesis catalanas, estando en construcción la nueva parroquia de San Rafael (Arzobispado de Barcelona) y la de Bonavista (Arzobispado de Tarragona).

El conjunto parroquial se emplaza en las afueras de Sant Boi del Llobregat, dando fachada a una rotonda donde confluyen la Ronda de San Ramón, la Avenida Can Carreras y la calle Gerona; un solar complicado, de forma estrecha y triangular, que actúa de bisagra entre una tipología urbana de bloques de viviendas por un lado y casas unifamiliares por la otra. El proyecto consta de una planta sótano que queda inacabada por falta de presupuesto, un volumen situado en la medianera que acoge la rectoría y salas parroquiales y el volumen propiamente del templo que da fachada al nudo viario.

De cara a dar unidad al volumen de la rectoría, escondiendo patios y ofreciendo una cornisa de cobijo para el acceso, se ha dispuesto una celosía con el motivo del pescado, símbolo de los primeros cristianos, hecha de cáscara de almendra y resina prensada. Por otra parte, el volumen del templo consta de un zócalo de hormigón en planta baja de cara a los posibles actos de vandalismo que por suerte aún no se han producido, dejando todo el protagonismo a una impresionante cubierta de escamas metálicas que se eleva hasta el campanario. Es en la cubierta-fachada del templo donde encontramos la referencia gaudiniana ya que, siguiendo el ejemplo de las escuelas que Gaudí proyectó por los hijos de los obreros en la Sagrada Familia, ésta está formada por una dos superficies regladas. Se trata de dos conoides que siguen una generatriz recta en su parte superior y una curvada en la parte inferior. La razón de estos superficies parte de la idea de dos manos que rezan, posibilitando una rendija de luz tanto en las dos fachadas que dan al acceso y al presbiterio como en el lucernario que cruza longitudinalmente toda la nave del templo. La estructura de esta cubierta fue resuelta con tubos de acero que permitían la posterior colocación de las capas de aislamiento térmico y los acabados exteriores e interiores a partir de unas piezas especiales para conseguir la geometría esperada. El resultado es espectacular tanto en el exterior como en el interior de la nave, donde se ha conseguido un muy buen trabajo del acabado de yeso laminado de forma que la luz se desliza por las paredes.

En el interior de la nave hay que destacar, por un lado, el zócalo acústico que rodea la planta baja y donde se integran las puertas, el confesionario y el espacio familiar, así como el tratamiento del altar, la sede y el ambón de formas también conoides realizados con piedra de Montserrat, a excepción del atril de los cantos que, a pesar de seguir también las formas conoides del ambón, está realizado con una estructura metálica. También considero que está muy conseguido el retablo del presbiterio, formado por un tabique trapezoidal que incorpora el texto del sermón de la montaña dejando una cruz "en blanco" de fondo. En alguna vista tenemos tres cruces que se sobreponen, la que hay suspendida sobre el altar, la del retablo y la del campanario. También resulta muy acertado el tratamiento económico y significativo de los vitrales de la entrada, que iluminan el corazón en el interior, compuesto a modo de un cuadro de Mondrian con tonalidades azuladas (conseguido con el butiral del vidrio), que es el color de la Virgen, a quien San Antonio María Claret tenía gran devoción.

En definitiva se trata de un muy buen proyecto que, a pesar de haber sufrido una fuerte recorte presupuestario, ha conseguido un buen resultado. Como nota mejorable quizás apuntaría que se podría haber investigado más la disposición interior del templo. Precisamente la linealidad de la parte superior contrapuesta al ensanchamiento de su base podría haber dado juego a una distribución más asamblearia o central, pero entonces seguramente no habría lugar para el aforo de 300 personas que se requería. También hay que notar que la forma del terreno forzaba mucho su composición.