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Siguiendo con el tema de los altares modernos, hay que recordar uno en especial que marcó el inicio de la arquitectura religiosa moderna en Cataluña: el altar efímero por el Congreso Eucarístico de Barcelona, diseñado por Josep Soteras.

Hoy día seguramente sonará muy extraña la idea de un "Congreso Eucarístico", así que le podemos dedicar un momento de atención. El XXXV Congreso Eucarístico en Barcelona, que tuvo lugar entre el 27 de mayo y el uno de junio de 1952, fue, más allá de unas "olimpiadas de sotana"[1], un acontecimiento de primer orden que superó el mismo hecho religioso y que hoy no se puede entender sin su marco histórico. Fue el primer congreso eucarístico después de la segunda guerra mundial, el anterior se había celebrado en Budapest en 1938; en un ambiente internacional de máxima tensión entre los dos bloques y con la guerra de Corea en curso; en España apenas se está saliendo de la dureza de la posguerra, cuando se van acabando las restricciones y los racionamientos, mientras se reanudaban las relaciones diplomáticas tras el bloqueo de las Naciones Unidas, a las puertas del Concordato con la Santa Sede y de los pactos de Madrid con los Estados Unidos de América de 1953. Se trataba de la primera manifestación o acto de visibilidad internacional de relieve del régimen franquista, una apertura al mundo. El lema del congreso era "La eucaristía y la paz", lo que denota ya una cierta distancia con los términos de cruzada o victoria empleados anteriormente por el nacionalcatolicismo.

En cuanto a la ciudad de Barcelona, el evento fue un revulsivo urbanístico, como lo han sido a lo largo de su historia las dos Exposiciones Universales o los Juegos Olímpicos. En aquella ocasión se eliminaron las barracas de la Avenida Diagonal, de Les Corts y Sarrià, trasladando a la gente a las Viviendas del Gobernador de Verdum o en Can Clos de Montjuïc; se urbanizó el encuentro entre la Avenida Diagonal y Pedralbes, lugar donde se dispuso el centro de operaciones; y también hubo actuaciones de embellecimiento urbano como la colocación de una fuente monumental al encuentro de la Gran Vía con el Paseo de Gracia. Lo más destacado, sin embargo, fue la creación a posteriori del Barrio del Congreso, que finalizó el año siguiente.

Si hay alguna imagen que resulte icónica del evento, esta fue el altar provisional de la Avenida Diagonal, entonces Avenida del Generalísimo, diseñada por el arquitecto municipal José Soteras, en colaboración con los arquitectos Vilaseca y Riudor . Ya en el artículo publicado en Cuadernos de Arquitectura del año siguiente se hacía notar su singularidad:

"El proyecto debia cumplir dos Objetivos: uno de orden espiritual de exaltaciones del tema eucarístico, y otro funcional, de distribución de superficies, volúmenes y servicios. (...) Esto motiva la idea esencial del proyecto, concebida como un gran círculo, emblema eucarístico, Sostenido por tres apoyos: fe, esperanza y caridad, simbolizadas por la cruz y por los dos mástiles de Apoyo de la estructura, procurando dar la máxima sensación de ingravidez y ligereza para acentuar la espiritualidad de la obra"[2]

La idea del proyecto se plasmó en una gran cruz de 35 metros de longitud y un enorme baldaquino circular a modo de pan eucarístico de, nada menos, 25 metros de diámetro, situados ambos elementos sobre una base en planta baja que daba visibilidad a un altar a cinco metros por encima de la cota de la calle. En esta peana monumental de planta pentagonal, a la que se accedía por la parte posterior, bajo la cruz situada en el vértice último del pentágono, se alojaba desde una sacristía hasta un espacio para emitir comunicación radiofónica, servicios, cabinas telefónicas, almacén, oficinas del Congreso Eucarístico o espacios por los bomberos y cuerpos de seguridad. Es decir, bajo el presbiterio y las ilustres bancadas cardenalicias y episcopales había todo hervidero programático oculto que pasaba desapercibido bajo la sombra del baldaquín circular. Valga esta anotación para el estudio de los posteriores altares efímeros para eventos masivos como las Jornadas Mundiales de Juventud. Nos haríamos cruces, nunca mejor dicho, de la cantidad de programa no visible cuando vemos imágenes de este estilo.

La modernidad de la intervención, a parte de su resultado final o su complejo programa a pesar de tratarse de un lugar "para hacer misa", también radica en su estructura. La gran cruz estaba formada por una estructura metálica hecha a partir de cubos de 1,2 metros de lado conformada por pletinas en "T" soldadas. Para reducir la acción del viento se proyectó en las partes frontales de la cruz una subestructura calada a modo de lamas de madera que dejaban pasar la luz interior de los cuatro tubos fluorescentes de luz azulada, mientras que en los laterales se procedió a un revestimiento de placas de yeso fijadas a la estructura principal. Nada que no haga ahora también lo que se llama "arquitectura retail" o de imagen corporativa.

El otro elemento estructural digno de mención es el baldaquín circular. Este elemento suspendido se apoyaba sólo en los tres puntos mencionados, la cruz y los dos tornapuntas. Todo él estaba formado interiormente por una estructura basada en tres vigas metálicas en celosía de 40 centímetros de canto formando un triángulo equilátero, cuyos vértices coincidían con los tres elementos de apoyo, y sobre la que se añadía otra subestructura de madera hexagonal para terminar de adaptarse a la circunferencia hasta un voladizo de 4,5 metros respecto del hexágono. Como si de un "Panteón moderno" se tratara, el baldaquín estaba perforado por un óculo circular que permitían el paso de la luz solar durante el día mientras que, por la noche, se iluminaba por veintidós cinco focos de luz blanca montados sobre la cubierta, ofreciendo un contraste con la luz azul de la cruz y la verdosa del basamento.

Creo que sería de justicia dar el disparo de salida de la arquitectura religiosa moderna en Cataluña con esta intervención de Josep Soteras por varias razones. La primera es que las obras religiosas que aparecieron del Grupo I son posteriores, iniciándose hacia finales de los cincuenta en el entorno de los barrios periféricos de Barcelona en el que se llamaron "iglesias de urgencia". También es posterior encuentro que se produjo en torno a las "Conversaciones sobre arquitectura religiosa", en 1963. Igualmente son posteriores todos los artículos sobre arquitectura religiosa moderna aparecidos en la revista Serra d'Or, publicados en los años sesenta reflexionando sobre obras de finales de los cincuenta.

Qué encontramos de arquitectura religiosa contemporánea antes de esta construcción efímera? Si rastreamos la misma revista de Cuadernos de Arquitectura, que se reanudó en 1944, casi todo lo que hay son obras de restauración, como es de esperar después de la Guerra Civil Española, o bien diseños de retablos; o, incluso, alguna nueva construcción de estética neoclásica, como es el caso de la nueva parroquia de Nuestra Señora del Pilar, proyectada por Antoni Fisas Planas en 1932. El año anterior el Congreso Eucarístico, en 1951, el P. Joan Ferrando Roig había publicado el libro "Arte religioso actual en Cataluña" y, salvo la supuesta modernidad de algunos objetos ornamentales, la parte arquitectónica responde a esquemas eclécticos, como el renacentista Santuario de Santa María de Montserrat, en el barrio de Pedralbes, que fue iniciada en 1920 por Nicolau Maria Rubió pero finalizó en 1951 bajo la dirección de Raimon Duran i Reynals con la colaboración pictórica de Josep Obiols.

Son pocas las obras que se podrían considerar modernas previas a la fecha del Congreso Eucarístico; más aún si entendemos que la modernidad de una iglesia no le viene tanto por el lenguaje o los materiales sino por la asimilación de los principios del Movimiento Litúrgico, y esto no culmina institucionalmente hasta el Concilio Vaticano II. Quizás, por citar algunos ejemplos, tendríamos la reforma del templo parroquial de Santa María de Ribes de Freser, del arquitecto Josep Danés, de 1940; o bien la nueva parroquia de San José de Gerona, diseñada por Joaquim Masramon, que finalizaría el año siguiente, en 1953. También habría que considerar la arquitectura religiosa que estaba desarrollando Isidre Puig-Boada, que es el eslabón de enlace entre el modernismo de Gaudí y la arquitectura religiosa de la posguerra. Pero esto merece un capítulo aparte.

 

[1] Afirmació del periodista Xavier Theros al seu article "Barcelona passava el rosari" publicat al diari ARA el 04/06/2017 arran dels 65 anys del Congrés Eucarístic

[2] Quaderns d’Arquitectura, Altar de la plaza Pío XII, para los actos del XXXV Congreso Eucarístico Internacional de Barcelona. núms. 15-16, 1953.

[3] Ferrando Roig, J. Arte religioso actual en Cataluña. Atlántida. Barcelona, 1952