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«J’ai choisi d’habiter la maison de Dieu»

De acuerdo, la famosa frase que la película Casablanca pone en labios de Humphrey Bogart es «siempre nos quedará París», pero valga como excusa el cambio de localidad francesa para hablar de los "arkhetopos", los sitios fundacionales, de las relaciones personales o institucionales. ¿Por qué cambiar Burdeos por París, conocida como "la ciudad del amor"? No salimos perdiendo? Bueno, el caso es que el pasado viernes 17 de mayo, dentro de la octava de la festividad de Santa Juana, tuvo lugar un acto de recepción y oración por la finalización de la primera fase de la reforma de la iglesia de la compañía de María, una orden religiosa popularmente conocida en Cataluña como "monjas de la enseñanza", en Burdeos, que tiene todo el sentido del mundo porque es su lugar fundacional.

La actual iglesia de la Compañía de María fue consagrada en 1827. Anteriormente había habido una iglesia del siglo XVII en el primer convento-escuela de la orden pero, después de la Revolución Francesa, este templo fue asignado a la comunidad protestante, mientras que el resto del convento pasó a ser un equipamiento de carácter militar. Esta imposibilidad de regreso a la casa primitiva espoleó a las monjas de la enseñanza a buscar una nueva ubicación para el mausoleo y los despojos de su fundadora en la iglesia que ha sido objeto de reforma.

¿Por qué reformar una iglesia que, pese a ser leída como una gran sala de estilo neoclásico, era bastante "correcta"? Pienso que la respuesta la encontramos bastantes años atrás, concretamente en el decreto Perfectae Caritatis del Papa Pablo VI (1965), donde se decía «La adecuada adaptación y renovación de la vida religiosa comprende a la vez el continuo retorno a las fuentes de toda vida cristiana y en la inspiración originaria de los institutos », y concretaba aún:« Redunda en bien mismo de la Iglesia el que todos los institutos tengan su carácter y fin propios. Por lo tanto, deben conocerse y conservarse con fidelidad el espíritu y los propósitos de los Fundadores, lo mismo que las sanas tradiciones, pues, todo ello constituye el patrimonio de cada uno de los institutos.»

Esta invitación a redescubrir las propias fuentes de cada instituto religioso es una invitación a volver al lugar del primer encuentro, a la fuerza del vector vocacional, aunque este se haya transformado ya en un amor institucionalizado, formando una familia religiosa. Esta llamada a volver a los orígenes de la relación, especialmente de la relación con el Dios que libera y da vida, no es extraña a la tradición bíblica. Por eso nos encontramos con la imagen del desierto como lugar de encuentro, lugar donde acallar los rumores y ponerse a la escucha, como hicieron ya los padres del desierto o los mismos profetas: «Ve y habla a la ciudad de Jerusalén; llamamiento para que lo oiga bien: 'Esto dice el Señor! Recuerdo que cuando eras joven, me eras fiel; que cuando te hice mi mujer, me amabas y me seguiste a través del desierto, tierra donde nada se cultiva. '»(Jer 2,2)

A resultas de lo expuesto, aparece el marco de interpretación de la reforma de la iglesia de la Compañía de María en Burdeos: volver a las fuentes e inspiración originaria del instituto para expresarla con un lenguaje contemporáneo; idea de proyecto que se concreta, de forma obligada, en un retorno al desierto interior de Santa Juana de Lestonnac en lo que se llamó "la noche del Císter", cuando Juana de Lestonnac no puede seguir su recién iniciada vocación a la vida religiosa en el convento cisterciense de Tolosa por motivos de salud y se pregunta qué puede hacer para dar continuidad y actualidad a la llamada de Dios. Este paso de la oscuridad a la luz, que culmina con la creación de un nuevo instituto que fusiona la vida contemplativa y la educativa, es interiorizado y trabajado por Juana de Lestonnac en su retiro en La Mothe.

La primera fase de la reforma de la iglesia de Lestonnac en Burdeos ha limitado su ámbito de actuación a la actualización de instalaciones y el tratamiento de la piel perimetral de la nave de la iglesia. La composición de la reforma del espacio interior responde al tradicional diálogo vertical de tierra-cielo que encontramos en la mayoría de los templos y obras de carácter sacro. Para ello se ha dispuesto un primer nivel en la base de los paramentos que responde a la evocación del bosque de la Mothe; esta referencia se consigue con el trabajo de perfiles de madera de diferentes tamaños dispuestos según un patrón de repetición variable. Esta nueva piel de madera transcurre de forma casi ininterrumpida a lo largo de la iglesia e incorpora accesos secundarios y espacios técnicos. También en este primer nivel "terrenal" aparece incorporado en la composición de perfiles de madera en la parte izquierda, un mural pictórico de la hermana dominica Brigitte Loire, que representa el paso de la oscuridad a la luz en la "Noche del Císter" de Santa Juana.

Referente a la planta y el suelo, se ha procedido un doble uso de material: pétreo a la nave y de madera en la zona de presbiterio, el cual se ha ampliado para avanzar la sede, el ambón y el altar según la propuesta para la segunda fase del proyecto, cuando se pueda disponer del espacio del actual archivo para la nueva ubicación del panteón de Santa Juana de Lestonnac, a modo de capilla lateral.

El mobiliario litúrgico se ha diseñado en referencia al texto bíblico de la teofanía de Moisés (Ex 3), es decir, tomando la imagen de la zarza ardiente donde "El que es" se comunica por liberar a su pueblo de la misma manera que Cristo se comunica hoy a través de la Palabra y la Eucaristía. Por ello, encontramos de nuevo las escuadradas de madera intercaladas con pletinas metálicas que sugieren el fuego.

En un segundo nivel, destacando por su claridad en referencia al ámbito trascendente, se dispone un tabique corrido superior descolgado respecto al muro original en dos de las cuatro caras del recinto. Esta intervención permite leer el espacio como "sendero o camino espiritual"; al mismo tiempo, facilita la iluminación de la pintura inferior y sirve de pantalla para reflejar la luz natural gracias a los ventanales superiores del lado opuesto.

Presidiendo el muro tester en este tabique perimetral, se dispone la imagen de "La Virgen de la cuna", tan estimada por la Compañía de María para ser la imagen que presidía la fachada del primer templo de la orden religiosa, antes de la revolución Francesa. La imagen tiene de fondo el mismo acabado de madera que encontramos en el suelo del presbiterio, lo que hace referencia a esta realidad terrenal que, con María, es asumida en el ámbito de lo celeste. Este fondo, que vacía el tabique para poder disponer la imagen, se abre de forma asimétrica hacia los ventanales superiores, para que la imagen tenga luz y como metáfora de cómo María es aquella persona que es tomada como referencia de "escucha de la palabra ". No podía ser de otra manera si se quiere responder al lema propio de la institución religiosa, "llenad vuestro nombre", Compañía de María.

Rompiendo la horizontalidad de esta doble lectura tierra-cielo del espacio, aparecen sólo en el lado derecho las luminarias suspendidas verticales que, a modo de antorcha, nos remiten por su ritmo a la apreciada Fiesta de la Presentación de la Virgen en el templo, caracterizada por una procesión de candelas en el templo.

En definitiva, la operación de reforma ha facilitado que el espacio contenga y ponga en valor el relato de lo que la propia institución religiosa es y quiere ser para nuestro mundo, tal como pedía el Concilio Vaticano II. Por ello, el despacho T113-Taller de arquitectura presentará esta experiencia a la próxima sesión del Seminario de Patrimonio Sacro de la Fundación Joan Maragall, el próximo 3 de junio, que tratará sobre "Reformas de espacios fundacionales. Como dar visibilidad a los carismas "; donde contaremos también con la comunicación "Champagnat sin Champagnat", del arquitecto Joan Puig-Pey, sobre la rehabilitación integral de la casa fundacional del instituto de los hermanos maristas: Notre Dame del Hermitage.