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El pasado 13 de abril, durante la segunda sesión del Seminario Interno sobre Patrimonio Sacro de la FJM, posteriormente a la intervención de José María Riba (post), los arquitectos Guillermo Maluenda y Tom Ivars presentaron la Parroquia de San Francisco de Paula (2003-2009), en Diagonal-Mar (Calle Ramon Turró 324-330). Aunque se trata de una construcción nueva, canónicamente es el traslado de otra parroquia que se situaba junto al Palau de la Música Catalana, el convento de los mínimos, de donde le viene el nombre de su fundador, San Francisco de Paola (o Paula). El Arzobispado de Barcelona intercambió el solar del antiguo convento por el de la parroquia actual para poder llevar a cabo la ampliación del Palau de la Música Catalana y, por otro lado, satisfacer la necesidad de una nueva parroquia en Diagonal-Mar.

Uno de los temas interesantes del proyecto fue el concurso restringido que se realizó en su momento y la propuesta de compatibilizar el espacio parroquial con un equipamiento geriátrico para amortizar los costes de la construcción. Aquí hay un gran tema de debate: una iglesia debe parecerlo? Prima el hecho económico o el hecho compositivo-simbólico? Aunque la propuesta ganadora contaba con la creación de este equipamiento, desde el arzobispado finalmente se optó por renunciar a favor de su total dedicación solo centro parroquial. Evidentemente, esta apuesta dio más libertad a los arquitectos e hizo que el templo se pudiera visualizar como tal, pero personalmente me queda la pregunta si no se podría haber conseguido una cosa y la otra. También se llegó a plantear la posibilidad de poner un columbario, en la misma línea de buscar recursos económicos complementarios, pero también se desestimó.

En líneas generales, la parroquia es un edificio exento en forma de abanico pentagonal que sitúa el presbiterio en las calles peatonales (menor impacto acústico) mientras que dispone el acceso a la parte opuesta, abriéndose hacia el barrio en su chaflán. En un extremo de la fachada principal se sitúa el campanario, entendido como una puerta abierta en el cielo, que actúa al mismo tiempo como caja del ascensor que se podría instalar en caso de que edificaren más plantas de los locales parroquiales. La estructura se resuelve con hormigón armado, cubriendo la luz del templo con 4 jácenas de 23 m de longitud. En cuanto a la iluminación, el proyecto contempla tres tipos de intervenciones: un lucernario tronco-cónico en el presbiterio; 26 lucernarios cenitales en cubierta; y una "Rosetón bíblico" suspendido en la fachada principal de 11x11m realizada con acero corten perforado que actúa de pórtico. Las letras de acero sustraídas "vuelan" y se empotran en el presbiterio. También hay que notar diferentes elementos simbólicos insertados en el hormigón, como la cruz, el pez, la concha, la espiga, etc.

Una última nota "neo-evangelizadora": Uno de los puntos fuertes del proyecto, que ha quedado "tapado" en la actualidad, era la posibilidad de ver el Santísimo desde la calle, acomodando un espacio de la fachada como "capilla abierta", que es uno de los puntos que reclama el Papa Francisco en la Evangelii Gaudium.