Voleu rebre les notícies?

Subscriviu-vos al butlletí gratuït

"La Iglesia católica, como titular de una parte muy importante del patrimonio cultural catalán, debe velar por la protección, la conservación y la difusión de este patrimonio y, con esta finalidad, debe colaborar con las diversas administraciones públicas de Cataluña. Una comisión mixta entre la Administración de la Generalidad y la Iglesia católica debe establecer el marco de colaboración y coordinación entre las dos instituciones y hacer su seguimiento. Reglamentariamente se determinará, en su caso, la colaboración con la Administración local. " (Artículo 4 de la "Ley del Patrimonio Cultural". DOGC núm. 1807, de 10.11.1993)

(E. Aran) El pasado lunes 26 de septiembre tuvo lugar la séptima sesión del Seminario Interno de Patrimonio Sacro de la Fundación Joan Maragall donde, motivados por el derrumbamiento del campanario de Rosselló, abordamos el tema de la restauración del Patrimonio Arquitectónico de la Iglesia. En esta ocasión contamos con una primera ponencia teórica a cargo de la Sra. Elsa Ibar Torras, arquitecta Subdirectora General del Patrimonio Arquitectónico, Arqueológico y Paleontológico; y una segunda parte de casos prácticos por parte de Antoni Martí Falip, arquitecto autor de la restauración de la Iglesia de Santo Domingo de Cervera, la Iglesia de San Pedro en Santa Fe, y Santa Maria de Gualter. Como las intervención de Antoni Martí bien merecen una visita y un comentario propios me dedico hoy a hacer un breve comentario a las aportaciones de Elsa Ibar Torras.

Para hacernos una idea, hay un total de 3938 edificios de titularidad eclesiástica catalogados por el Departamento de Cultura de la Generalitat, de los cuales 1470 están protegidos; ya sea porque 203 son BCIN (Bien Cultural de Interés Nacional), 1144 son BCIL (Bien Cultural de Interés Local) o de otras tipologías. De estas casi 4000 edificaciones se considera que, globalmente, están en buen estado 2863, medio 719, malo 184 y en ruina 171 (más 1 desaparecido). Estamos hablando de un grosor del patrimonio cultural edificado más que notable de titularidad privada (eclesial) con vocación pública (aquello de "es mío, pero es para todos").

En cuanto al fondo público para poder afrontar la preservación y difusión de este patrimonio se cuenta con el presupuesto ordinario del Departamento de Cultura, el llamado "1% cultural catalán" (a través del cual se ha podido actuar por ejemplo a la Iglesia de Santa María de Vilagrassa, la Iglesia de la Virgen de la Asunción en Montgai, o la Iglesia de Santa María del Santuario del Miracle en Solsona), aportaciones del Estado Español (especialmente a través del Plan Nacional de Catedrales), y patrocinios o programas como el maná del programa "Románico Abierto" de La Caixa que llovió en 68 edificios de titularidad eclesial con € 13.835 millones (por ejemplo: el Monasterio de San Miguel en Cruïlles, el Claustro del Monasterio de San Daniel de Girona, el Monasterio de Santa María de Poblet, el campanario de la Catedral de San Pedro de Vic, o la obra más reconocida: la Iglesia de San Clemente de Taüll).

También ha habido intervenciones en las que se ha dado la colaboración de diferentes instituciones. En este apartado encontramos por ejemplo el conjunto de iglesias de San Pedro de Tarrasa, donde participaron el Ayuntamiento de Terrassa, el Departamento de Cultura y el Obispado de Terrassa (más de 14 millones de euros); el Monasterio de Santa María de Ripoll, donde hicieron un convenio el Departamento de Cultura de la Generalidad de Cataluña con el Ayuntamiento de Ripoll y el Obispado de Vic (unos dos millones y pico de euros sumando todas las intervenciones); o el caso más paradigmático de actuación constante en un Convenio de colaboración entre el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte, el Departamento de Cultura de la Generalidad de Cataluña, la Diputación de Barcelona, el Ayuntamiento de Manresa y el Obispado de Vic, que es la Iglesia de santa María del Alba de Manresa (más de cuatro millones y medio de euros).

Quizás alguien se asusta con estos números, pero son los que son. El patrimonio tiene un precio y, si no estamos dispuestos a pagarlo, ya vendrán otros para llevárselo, como ha ocurrido siempre a lo largo de la historia, y así empobrecer hasta que perdemos con él también la nuestra identidad. Una militante de Iniciativa por Cataluña se lamentaba hace poco del derrumbe del campanario de Rosselló de Lleida para que, a pesar de no participar de la dinámica ni de los sacramentos que la iglesia dispensaba, reconocía el campanario como algo propio del pueblo. También ha sido un partido de izquierdas, la CUP, quien ha puesto el grito en el cielo mediático por la amenaza a la iglesia de San Ruf de Lleida. A menudo, el patrimonio eclesial es el bien cultural más preciado del territorio. Esperamos que la sensibilidad y posición de partidos de izquierdas, que por ideología podrían parecer contrarios al cuidado del patrimonio de titularidad o raíz eclesial, no acabe despreciando-como apuntaba en Hacer en su viñeta dominical que copio abajo.