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Los primeros misioneros franciscanos de México se encontraron que los indígenas no podían entender cómo se podía hacer un templo con techo, cerrado al cielo, cerrado al Dios Creador. Por eso "explotaron" los techos de los templos y crearon lo que se llamó "capillas abiertas". Tiene su lógica porque, a lo largo de la historia de la arquitectura cristiana, las vueltas siempre han representado el cielo (por ejemplo la Sainte Chapelle de París o los techos del pintor Andrea Pozzo sj, etc).

Quizás no fue exactamente la misma formulación de las capillas abiertas americanas, pero en Ibiza se produjo un caso particular de capilla abierta "en la mediterránea" en 1973, fruto de un proyecto del despacho de los arquitectos barceloneses José Antonio Martínez Lapeña y Elías Torres Tur: la Capilla de Cala Llonga (Santa Eulalia des Riu). El espacio se integra dentro un pinar y queda delimitado por unos muros de blanco inmaculado, a semejanza de la arquitectura de la zona, que envuelven la comunidad. El esquema es bastante "clásico" pero parece que es un lugar escogido para hacer celebraciones matrimoniales (aquí). Quizás este tipo de equipamientos pueden dar respuesta a la necesidad posmoderna de vincular actos importantes de la vida con la naturaleza (como el tema recurrente de esparcir las cenizas de la incineración ... hablé aquí).