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Hace mucho tiempo, a finales de los años sesenta, unas religiosas dedicadas a la enseñanza, comprometidas con la transformación social propia de los valores del Evangelio, apostaron decididamente por abrir una escuela en un barrio periférico del área metropolitana de Barcelona con una fuerte presencia de la comunidad gitana. Dado que los bloques de vivienda y la composición urbana del barrio era de reciente creación, no había edificada ninguna parroquia, así que el diseño del conjunto escolar contaba con una generosa capilla para dar servicio de culto.

Con el paso de los años, la iglesia diocesana edificó, muy cerca de la escuela, una parroquia; mientras la comunidad gitana se pasaba al culto protestante, abriendo sus propios locales, y llegaba al barrio un gran contingente de familias de los más diversos orígenes, desde el Magreb hasta el Pakistán pasando por Latinoamérica y Oriente lejano, que iba supliendo la población proveniente de la migración interna del sur del estado Español propia de los años cincuenta y sesenta.

Viendo la gran diversidad de credos y creencias de los nuevos alumnos, con el mismo ardor evangélico para responder a sus necesidades educativas, y sabiendo que ya había un centro de culto católico en el borde, se optó por ocultar el presbiterio de la capilla escolar con un sencillo cortinaje y utilizar así el resto del espacio para acoger las reuniones de la asociación de vecinos, dar clases de refuerzo u otras actividades educativas, mientras los antiguos confesionarios en desuso se reconvierten en espacios de almacenamiento.

Esta es la historia que el despacho T113-Taller de Arquitectura se encontró al visitar la capilla escolar del Colegio Lestonnac de Badalona, que este año celebra sus 50 años de aniversario en el barrio de San Roque, en 2016. La titularidad del centro tenía interés en ofrecer un espacio para el trabajo de la interioridad de sus alumnos, pero este nuevo espacio no podía ser percibido como un lugar de culto católico dada la gran diversidad de cosmovisiones y creencias. Había que crear un espacio diferenciado del resto del aulario, que "respirara espiritualidad", sin connotaciones cristianas explícitas pesar había que mantener la posibilidad de revertir el espacio en una capilla por las ocasionales celebraciones religiosas del claustro de profesores.

Para percibir el espacio como un espacio adecuado para trabajar la interioridad es necesario que éste esté bien aislado del ruido y, por otra parte, que pueda ser percibido por el usuario escolar como un "espacio singular". Para resolver estos requerimientos se propuso subdividir el espacio en dos zonas de capacidad diferenciada de manera que el espacio pequeño sirva como cancel, espacio de preparación o un pequeño espacio para trabajar la interioridad con pocas personas y, por otro lado, un espacio de mayores dimensiones al que se accede desde la anterior. Los dos espacios parten de un mismo esquema que se repite a diferente escala: un núcleo marcado por una forma ovalada, a modo de ábside, que se abre a la luz y al resto del espacio. Este esquema sugiere la unidad de la persona y su apertura a lo trascendente, es decir, trata la interioridad y la alteridad vez.

El acceso al conjunto de la actuación se realiza por la puerta más cercana a las escaleras de la escuela, la primera que nos encontramos, mientras que la otra puerta (innecesaria para la nueva capacidad de usuarios del espacio) se reconvierte en un ventanal translúcido que ilumina el ábside del primer espacio de recepción. También en este espacio se procede a la reconversión de los antiguos confesionarios en armarios alineados con la pared del acceso. La pared opuesta al acceso, que separa los dos espacios, está inclinada 15 grados en planta, acentuando la importancia del ábside y aumentando el espacio en este extremo.

Para pasar del espacio inicial o aula de vestíbulo hay que cruzar una puerta corredera integrada en la pared inclinada perforada por ventanas de ojo de buey a diferentes alturas para responder a la ergonomía de los usuarios. En este segundo espacio se dispone el ábside en la esquina inferior izquierda, para abrir el espacio hacia la luz de los ventanales corridos en la pared opuesta y minimizar la importancia de la puerta de acceso a la antigua sacristía. Del mismo modo que el espacio previo, la pared opuesta a la de los ventanales está inclinada 15 grados en planta, rematando perpendicularmente a la pared de acceso. En un extremo de la pared inclinada del ábside, lo entrega a la pared de acceso, se propone una puerta corredera que da a un espacio de almacenamiento que actúa a la vez como cojín sonoro con el patio interior de la escuela . Opuesto diagonalmente en el ábside, en la esquina situada bajo los ventanales corridos y la pared de acceso, se proyecta una pequeña grada que puede tener tanto un uso eucarístico como uso para otras actividades escolares.

Por lo que respecta a la simbología, surgió la cuestión de cómo evitar la "vía apofática" (el "silencio de Dios") y encontrar elementos icónicos que pudieran ser compartidos por todos, también por la tradición cristiana. Aquí se ha contado con la colaboración del artista interdisciplinar Siro López, que ha creado cuatro retablos inspirados en los cuatro elementos de la naturaleza vinculados también a la tradición bíblica: El fuego, en relación al texto «El os bautizará con el Espíritu Santo y fuego "(Mt 3,11); el agua, en relación al texto «todo el que dé un vaso de agua fresca a uno de estos pequeños (...) no quedará sin recompensa" (Mt 10,42); la tierra, en relación al texto «una parte de la semilla cayó en tierra buena, y subió y creció hasta que dio fruto» (Mc 4,8-9); y la palabra o aire, en relación al texto «Los últimos son los que fue sembrado en tierra buena; que oyen la palabra, la acogen y dan fruto »(Mc 4,20). (Puede ver el proyecto en el documento adjunto)